Este viernes se cumplen dos décadas del inicio de la “desconexión” entre Israel y la Franja de Gaza, la operación impulsada por el entonces primer ministro Ariel Sharon que evacuó 21 asentamientos y retiró al Ejército del territorio palestino. Lo que en 2005 se presentó como un paso hacia la paz hoy es visto por sectores israelíes como un error que facilitó el ascenso de Hamás.
Los ataques del 7 de octubre de 2023, que dejaron más de 1.200 muertos y cientos de secuestrados, consolidaron la postura de quienes reclaman una ocupación permanente de Gaza. El actual jefe de Gobierno, Benjamín Netanyahu, ya trabaja en un plan para tomar control total del enclave y reabrir asentamientos, excluyendo tanto a Hamás como a la Autoridad Nacional Palestina de su administración.
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La retirada de Sharon fue traumática para muchos israelíes. Imágenes de soldados desalojando familias y enfrentamientos con colonos recorrieron el mundo, dejando una herida política y social. En Jerusalén, el museo de Gush Katif recuerda el legado de las colonias, destacando su producción agrícola y ganadera, aunque sin mencionar el trabajo de miles de palestinos.
Para los palestinos, la desconexión no significó independencia real. El bloqueo impuesto por Israel y Egipto desde 2007, tras la toma de poder de Hamás, convirtió a Gaza en lo que ONG y expertos llaman “una cárcel a cielo abierto”. Las restricciones a bienes, personas y servicios básicos perpetuaron la pobreza y la dependencia.
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Hoy, con la ofensiva israelí aún en curso y un nuevo plan sobre la mesa, el futuro de la Franja vuelve a depender de decisiones externas. Mientras unos ven en la ocupación una oportunidad de “corregir” el pasado, otros temen que solo prolongue un conflicto sin salida y agrave la crisis humanitaria.
Fuente: EFE.
Foto: EFE/EPA/Alaa Badarneh.


