En Anchorage, la ciudad más grande de Alaska, unas 500 personas se congregaron este viernes para protestar contra la llegada de Vladímir Putin, quien este viernes se reunirá con Donald Trump en una inédita cumbre ruso-estadounidense. Con banderas ucranianas y pancartas en azul y amarillo, los manifestantes pidieron que el expresidente y actual candidato republicano no haga concesiones al Kremlin a cambio de un alto el fuego en Ucrania.
“Putin es un criminal de guerra y no deberíamos darle la bienvenida, mucho menos en Alaska”, expresó Rachel Coney, una de las manifestantes. Entre los lemas, se leía: “No queremos criminales de guerra en Alaska, ni felones en la Casa Blanca”, en referencia a las acusaciones contra ambos líderes.
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La protesta tuvo un tono festivo, pero marcado por la indignación. “Esta es la mayor concentración que hemos visto desde que Trump comenzó a comportarse como un monarca”, dijo Marie Allen Lambert. La Corte Penal Internacional mantiene una orden de arresto contra Putin por crímenes de guerra, lo que reforzó el rechazo local a su visita.
Para los habitantes de Alaska, la cita es simbólicamente sensible: es la primera vez que un presidente ruso pisa el territorio, que fue colonia de la Rusia imperial hasta su venta a Estados Unidos en 1867 por 7,2 millones de dólares. El estado se incorporó a la Unión en 1959, en plena Guerra Fría, y mantiene una fuerte identidad regional.
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Aunque Anchorage vive sus semanas de mayor actividad turística bajo el sol ártico del verano, el arribo de delegaciones oficiales y periodistas internacionales ha generado curiosidad y tensión a partes iguales. La comunidad local insiste en que su lealtad está con Ucrania y que no recibirá con honores a un líder acusado de violar derechos humanos.
Fuente: DW.
Foto: Fatih Aktas/Anadolu/picture alliance.


