La agricultura argentina atraviesa una señal de alerta: la superficie bajo el sistema de Siembra Directa (SD) cayó al 82% a nivel nacional, según un informe de la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid. Esto implica un avance de la labranza, práctica que compromete uno de los modelos de conservación de suelos más reconocidos en el mundo.
El retroceso es más marcado en provincias como Entre Ríos, Chaco y Santa Fe, donde más del 20% de los suelos fueron removidos. Aunque en Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero los porcentajes son menores, el impacto en superficie total resulta significativo por la magnitud productiva de esas regiones.
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El estudio detalla que el 53% de las hectáreas trabajadas con labranza respondieron al intento de controlar malezas resistentes o tolerantes a herbicidas. En provincias como Chaco y Santiago del Estero, esa proporción llegó al 70%. No obstante, especialistas de la Facultad de Agronomía de la UBA advierten que la labranza ocasional no reduce el banco de semillas de malezas, sino que apenas redistribuye su presencia en el suelo.
Desde Aapresid señalan que esta práctica, aunque ofrezca resultados inmediatos, implica riesgos severos: pérdida de cobertura, degradación de la estructura del suelo, menor capacidad de infiltración de agua y retrocesos en la sustentabilidad que demandan años para recuperarse.
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La organización insiste en que la salida está en mantener la visión integral de la Siembra Directa, con diversificación de cultivos, incorporación de cultivos de servicio y mayor intensidad en las secuencias productivas. Para un país que llegó a tener un 95% de su superficie bajo este sistema, la caída al 82% representa un desafío estratégico para no perder el liderazgo en conservación de suelos.
Fuente: Clarín.


