El gobierno georgiano enfrenta críticas internas y alerta internacional por su decisión de suspender las negociaciones con la Unión Europea, en medio de disturbios y acusación de influencia rusa.
Tiflis, la capital de Georgia, atraviesa una ola de protestas que ya lleva cuatro noches consecutivas. Miles de manifestantes han tomado las calles en rechazo a la decisión gubernamental de postergar las negociaciones para el ingreso del país a la Unión Europea (UE) hasta 2028. Los enfrentamientos entre las fuerzas antidisturbios y los opositores han dejado un saldo preocupante: más de 220 detenidos y más de 100 policías heridos, según cifras oficiales.
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El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que la situación en Georgia podría estar gestando una «Revolución Naranja», similar a los movimientos ocurridos en Ucrania en 2004 y 2014. Según Peskov, detrás de las protestas podría haber intentos de desestabilización inspirados en estas revoluciones, que también surgieron a raíz de decisiones vinculadas a la relación con la UE. Aunque calificó los disturbios como un «asunto interno» de Georgia, el Kremlin ha mostrado su interés en la evolución de los eventos.
El primer ministro georgiano, Irakli Kobajidze, ha sido duramente cuestionado por la oposición, que lo acusa de seguir una política prorrusa. En respuesta, Kobajidze amenazó con solicitar la ilegalización de partidos opositores, alegando que estos actúan «abiertamente contra el orden constitucional». Mientras tanto, el presidente ruso, Vladímir Putin, elogió al gobierno georgiano por su postura sobre la ley de transparencia de influencia extranjera, lo que aumentó las sospechas de vínculos con Moscú.
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Los manifestantes, por su parte, exigen la reanudación inmediata de las negociaciones con la UE y la celebración de nuevas elecciones parlamentarias. La oposición también denuncia la detención de líderes políticos clave, como Zurab Dzhaparidze, dirigente de la Coalición para el Cambio, en un contexto de creciente represión y violencia en las calles.
La situación en Georgia recuerda los conflictos vividos por Ucrania hace una década, cuando las aspiraciones europeas se enfrentaron a la presión de Moscú. Los próximos días serán clave para determinar si las protestas logran su objetivo o si, como advierte el Kremlin, se convierten en el epicentro de una nueva crisis regional.
Fuente: DW
Imagen: Giorgi Arjevanidze/AFP


