La presencia de algas en las playas de Puerto Madryn genera cada verano una escena conocida: acumulaciones en la costa, olores intensos y molestias para residentes y turistas. Sin embargo, detrás de esa imagen negativa se esconde un fenómeno natural con múltiples dimensiones, tanto ecológicas como productivas.
La doctora Paula Raffo, investigadora del Laboratorio de Algas Marinas Bentónicas del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), advierte que la percepción social de las algas suele estar condicionada por esa experiencia: «Vamos a la playa y la primera imagen, sobre todo para quienes vivimos cerca de la costa, suele ser negativa y tiene que ver con el mal olor; entonces asociamos las algas a algo negativo».
No obstante, indica que esta percepción cambia cuando se adquiere un mayor conocimiento del ecosistema marino. Quienes tienen la oportunidad de bucear o de observar las algas en su estado natural pueden asociarlas con una gran diversidad de colores, con su valor alimenticio y con aromas más frescos, lo que permite ampliar la mirada sobre su importancia dentro de la biodiversidad.
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En términos biológicos, las algas cumplen un rol esencial. «Las microalgas son las que dan vida al planeta en el que vivimos», afirma Raffo, y agrega: «hoy siguen produciendo gran parte del oxígeno que respiramos». A esto se suma el papel de las macroalgas, visibles en la costa: «También generan oxígeno y pueden representar alimento no solo para nosotros sino para una gran cantidad de organismos».
Una de las claves para entender la situación actual es la presencia de una especie invasora que llegó a la región en la década de 1990. «Llegó una especie que se llama Undaria, que es un alga invasora, y empezó a reproducirse hasta invadir gran parte del fondo del mar», indica la investigadora. A diferencia de las algas nativas, que alcanzan entre 10 y 20 centímetros, esta especie puede medir hasta un metro y medio, lo que le permite dominar el ecosistema.
El fenómeno de acumulación en la costa, conocido como arribazón, es natural. Sin embargo, su magnitud se ha intensificado. «Esto siempre sucedió, es parte del ciclo natural de las algas; lo que pasa es que esta alga invasora tiene más volumen y cantidad, entonces el problema se vuelve mayor», explica Raffo, quien compara el proceso con la caída de hojas en otoño.
El ciclo de vida de estas especies también influye en su presencia en la playa. «Las algas de aguas frías, como la Undaria, cuando terminan su ciclo en primavera y verano se desprenden y llegan a la costa; en ese momento son gelatinosas, y esa gelatina se llama alginato», detalla. Este componente, si bien genera mal olor al descomponerse, posee valor comercial y múltiples usos industriales.
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La especialista subraya además el origen del problema: «Tenemos que entender que es un alga invasora que no pertenecía a nuestro sistema y que llegó por la actividad humana», lo que invita a reflexionar sobre el vínculo con el ambiente y la necesidad de cuidar nuestro ecosistema.
Pese a los inconvenientes, la Undaria pinnatifida también ofrece oportunidades. «Es una de las tres especies que más se consumen en el mundo; se la conoce como wakame y es un alimento muy nutritivo», señala Raffo. Destaca que puede incorporarse en dietas veganas y para personas celíacas, ya que es baja en carbohidratos, rica en fibra y contiene numerosas vitaminas.
En ese sentido, resalta que se trata de un recurso accesible: «Cuando es la época adecuada, en invierno o primavera, y las algas están tiernas, cualquier persona puede cosecharlas y hacer su propio alimento», aunque advierte sobre la importancia de hacerlo de manera responsable, respetando los lugares y evitando la sobreexplotación.
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Las algas también tienen aplicaciones en otras áreas: se utilizan en muchas industrias, el agar es una gelatina presente en productos cotidianos y el alginato se emplea en distintos procesos. Incluso tienen usos culturales y artísticos, lo que amplía el abanico de posibilidades que ofrece este recurso natural.
En la región, la recolección se realiza de forma artesanal. «Hay lugares como Bahía Camarones donde comunidades, incluso muchas mujeres, trabajan en esta actividad», indica. A nivel global, en tanto, crece el interés por el cultivo de algas, considerado un sistema productivo limpio que no requiere fertilizantes y que busca preservar los ambientes naturales.
Para Raffo, el desafío es adoptar una mirada integral. «Es una invitación a ver las cosas de manera más amplia», sostiene, reconociendo que las algas pueden representar tanto un problema ambiental como una oportunidad económica.





