Antes de crear El Eternauta, el guionista escribió historias infantiles que dejaron huella en las infancias de La Plata y de todo el país.
Héctor Germán Oesterheld es reconocido por su obra en la historieta argentina, pero pocos recuerdan que también escribió literatura infantil. En las décadas del ‘50 y ‘60 publicó cuentos breves llenos de ternura, aventuras y valores humanos.
Publicó sus relatos en revistas como Billiken y Mundo Infantil, y en editoriales como Sigmar. Sus historias apelaban a la imaginación, el pensamiento crítico y la empatía, sin subestimar a los lectores jóvenes.
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Muchos de sus cuentos incluían ciencia ficción, naturaleza y viajes. Además de entretener, buscaban educar y formar conciencia. Oesterheld creía que la infancia era una etapa clave para sembrar valores como la solidaridad y el respeto.
Publicó al menos quince libros infantiles. Los primeros salieron con su nombre, como Nubecita, el chanchito distraído (1955) y Pesito, el leoncito comerciante (1956), con ilustraciones de su hermana Nelly. Luego usó seudónimos como Héctor Sánchez Puyol e Inés.
La influencia de estas obras fue silenciosa pero profunda. Acompañaron a generaciones de chicos desde los años ‘60 hasta los ‘90. Hoy muchos adultos recuerdan esos cuentos como parte fundamental de su niñez.
Con información de El Día.



