A doce meses de su detención en la frontera colombo-venezolana, nada se sabe del paradero de Nahuel Gallo. Su familia denuncia una desaparición forzada y el Gobierno argentino apuesta a la intervención de Estados Unidos para lograr su liberación.
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El caso del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido el 8 de diciembre del año pasado al ingresar a Venezuela para visitar a su pareja y a su hijo, se convirtió en uno de los episodios más sensibles de la agenda diplomática argentina. Desde aquel momento, no hubo contacto con él, no tiene abogado, no se conoce su lugar de detención y el régimen chavista mantiene absoluto hermetismo sobre su situación. “Hace un año que no escuchamos su voz”, expresó con angustia su pareja, María Gómez, en declaraciones a TN.
Gallo fue detenido pese a tener toda la documentación en regla al cruzar desde Cúcuta, Colombia, hacia el estado Táchira. Según denuncian su familia y organismos internacionales, el chavismo utiliza su detención con fines políticos, configurando un cuadro de desaparición forzada que ya fue presentado ante la CIDH, la Corte Penal Internacional y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Las gestiones argentinas avanzan, pero el Gobierno de Javier Milei reconoce que cuenta con herramientas diplomáticas limitadas ante la falta de vínculos bilaterales con Caracas.
Ante este escenario, Estados Unidos emergió como la pieza clave para intentar lograr su liberación. La Casa Blanca ya consiguió la devolución de ciudadanos norteamericanos detenidos por el régimen de Nicolás Maduro, mediante gestiones directas que incluyeron la mediación del enviado especial Richard Grenell. La Argentina apuesta a que una presión coordinada —que ya incluyó movimientos con Italia, Israel y Bélgica— permita incluir a Gallo en una negociación más amplia.
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Mientras buques, aviones y marines estadounidenses se despliegan en el Caribe, la diplomacia argentina procura instalar el caso en todas las instancias multilaterales. Voceros oficiales confirmaron que la Cancillería y el Ministerio de Seguridad trazaron la estrategia que permitió la salida en secreto de María Gómez y su hijo, quienes aún temen represalias. “Nahuel no está preso, está en desaparición forzada. Eso es un crimen de lesa humanidad”, reiteró Gómez.
A un año del hecho, la incertidumbre domina el caso. Sin información oficial, sin acceso consular y sin pruebas de vida, la desaparición de Gallo se consolidó como un punto crítico en la relación entre Argentina y Venezuela. Mientras tanto, la familia aguarda que la presión internacional logre lo que la vía diplomática directa hoy no puede: traerlo de vuelta a casa.
Fuente: TN
Foto: Archivo


