El astrágalo, también conocido como huáng qí o milkvetch, es una raíz originaria de China que se ha utilizado durante siglos en la medicina tradicional para fortalecer la energía vital o “qi”. Actualmente, la ciencia moderna respalda varios de sus beneficios, especialmente su capacidad para estimular el sistema inmune, proteger la salud cardiovascular y apoyar el funcionamiento renal.
Entre más de 2000 especies, solo el Astragalus membranaceus y el Astragalus mongholicus son reconocidos por sus efectos terapéuticos. Según revisiones científicas citadas por los National Institutes of Health (NIH), esta planta contiene flavonoides y polisacáridos que estimulan la producción de glóbulos blancos y actúan como antimicrobianos y antiinflamatorios naturales, ayudando a prevenir infecciones y reducir la inflamación crónica.
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Su uso también se ha asociado con mejoras en pacientes con insuficiencia cardíaca. Estudios clínicos demostraron que el astrágalo puede ensanchar los vasos sanguíneos, mejorar la función cardíaca y reducir la presión arterial, especialmente cuando se combina con tratamientos convencionales. Además, investigaciones en personas con nefropatía diabética y enfermedad renal crónica sugieren que mejora la función renal y reduce la proteinuria.
Uno de sus efectos más populares es su potencial antienvejecimiento. Investigaciones en animales muestran que el astragalósido IV, uno de sus principales compuestos, podría activar la telomerasa, una enzima clave para proteger los telómeros y retrasar el envejecimiento celular. Aunque aún faltan estudios en humanos, en el mundo del bienestar ya es considerado un “antiage natural”.
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La forma más recomendada de consumo es a través de suplementos en cápsulas o tabletas, aunque la raíz seca también puede utilizarse en decocciones. Estudios indican que dosis de hasta 60 gramos diarios durante un máximo de cuatro meses resultan seguras para la mayoría de las personas, aunque siempre se recomienda consultar a un profesional antes de iniciar su consumo.
Fuente: La Nación


