El 17,1% de los adultos mayores en Argentina continúa trabajando, según un informe del INDEC, especialmente en la franja de 60 a 74 años. Para muchos, esta prolongación de la actividad laboral no es opcional, sino una necesidad para cubrir los gastos básicos, ya que el haber mínimo de $390.214 apenas alcanza para una tercera parte de la canasta básica del adulto mayor.
La situación afecta tanto a quienes perciben jubilaciones mínimas como a beneficiarios de la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM) y pensiones no contributivas. Los gastos en medicamentos, alimentación, limpieza y vivienda superan ampliamente sus ingresos, obligando a que varios pasen a trabajar como monotributistas y facturen a sus empleadores.
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Además, la desigualdad de género y la discriminación por edadismo se combinan con la insuficiencia de los haberes: las mujeres cobran, en promedio, un 27% menos que los varones. La crisis también ha impulsado la expansión del trabajo informal, que llegó al 43,2% en el segundo trimestre de 2025, reflejando la precarización laboral entre jubilados.
Si bien algunos continúan trabajando por elección, como profesionales, docentes o emprendedores, para la mayoría el trabajo es una estrategia de subsistencia. Los expertos advierten que esta obligación genera desgaste físico y mental, angustia y ansiedad, mientras que la actividad laboral voluntaria puede aportar propósito, vínculos y bienestar emocional.
Fuente: Noticias Argentinas.


