Chile se prepara para un nuevo temporal de lluvias que amenaza con provocar inundaciones en distintas zonas del norte y centro del país. El Gobierno declaró la emergencia preventiva hasta el 23 de octubre en cinco regiones ante la posibilidad de que se acumulen hasta 40 milímetros de agua en períodos breves.
La medida alcanza a las regiones de O’Higgins, Maule, Metropolitana de Santiago, Valparaíso y Coquimbo. Además, las autoridades establecieron alerta roja por riesgo de inundaciones en diez comunas de la zona precordillerana de Santiago, entre ellas Las Condes, donde las clases fueron suspendidas para este martes.
En los barrios capitalinos de Providencia y Ñuñoa, vecinos y comerciantes colocaron sacos de tierra en los accesos a edificios, viviendas y locales para evitar el ingreso del agua. La preparación se produjo después de que una intensa granizada registrada la semana anterior inundara calles, estacionamientos y viviendas en pocos minutos.
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La preocupación también se concentra en Las Condes y otras localidades precordilleranas, donde una inundación ocurrida el 8 de octubre arrastró decenas de vehículos, dejó seis heridos y afectó a más de 2.000 viviendas. El Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres advirtió que la persistencia de las precipitaciones aumenta el riesgo de deslizamientos de tierra y aluviones.
Como parte de las medidas preventivas, las autoridades dispusieron el cierre del paso fronterizo Los Libertadores, que conecta la región chilena de Valparaíso con la provincia argentina de Mendoza. La restricción busca reducir los riesgos ante las condiciones meteorológicas previstas en la zona cordillerana.
Especialistas de la Dirección Meteorológica de Chile señalaron que el nuevo sistema frontal está influido, aunque no provocado directamente, por el fenómeno de El Niño. Además, advirtieron que las cinco regiones bajo emergencia coinciden con áreas donde suele aumentar la probabilidad de precipitaciones durante ese fenómeno climático.
La vulnerabilidad se agrava por la saturación de los suelos y la impermeabilización de las superficies urbanas. Según especialistas del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia, el intenso temporal de julio, que dejó al menos 16 muertos y cerca de 3.000 damnificados, redujo la capacidad de respuesta de algunas zonas frente a nuevas lluvias intensas.
Fuente: DW.
Imagen: Juan Gonzalez/REUTERS.


