Un estudio del CONICET reveló por qué los primates descortezan las plantaciones forestales. El hallazgo permite implementar «alimentación distractiva» para frenar pérdidas económicas sin dañar a la fauna.
Investigadores del Instituto de Biología Subtropical (IBS, CONICET-UNaM) en Misiones lograron descifrar un enigma ecológico que enfrentaba a la producción maderera con la biodiversidad local. El equipo descubrió que los monos caí (Sapajus nigritus) no descortezan los pinos por falta de alimento en el bosque nativo, como se creía históricamente, sino por una cuestión de «rentabilidad energética» durante una etapa específica del crecimiento del árbol.
El estudio, publicado en la revista Forest Ecology and Management, determinó que entre julio y octubre los fluidos de crecimiento de los pinos son más abundantes y azucarados. En ese periodo, la corteza es más fácil de remover, convirtiendo al árbol en un recurso altamente atractivo para los primates. Este comportamiento afecta principalmente a ejemplares de entre cinco y nueve años, provocando mermas comerciales severas e incluso la muerte de los árboles por el corte del flujo de nutrientes.
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A diferencia de los métodos tradicionales que fallaban al intentar alimentar a los monos dentro de los lotes, los científicos proponen ahora la «alimentación distractiva». Esta estrategia consiste en colocar puntos de alimento, como bananas, fuera de las rutas habituales de los animales para desviarlos de las plantaciones durante los meses críticos. El objetivo es evitar que los productores tomen represalias contra la fauna y fomentar una convivencia sustentable.
El proyecto contó con la colaboración de grandes firmas del sector como Arauco Argentina y Pindó, permitiendo un vínculo directo entre la ciencia básica y la aplicación industrial. Este conocimiento no solo reduce el impacto económico en la industria forestal de la Mesopotamia, sino que también brinda a las empresas las herramientas necesarias para obtener certificaciones internacionales de sostenibilidad, garantizando la protección del mono caí en el Bosque Atlántico.
Fuente y foto: CONICET.


