Científicos de la Universidad de Texas consiguieron que la legumbre crezca en regolito simulado, un paso clave para la supervivencia en futuras colonias.
Un estudio publicado recientemente en la revista Scientific Reports ha marcado un precedente histórico para la exploración espacial: investigadores lograron cultivar garbanzos utilizando una mezcla compuesta mayoritariamente por suelo lunar simulado. Este avance científico representa una pieza fundamental en el rompecabezas de la autosustentabilidad para las próximas misiones tripuladas de la NASA y otras agencias internacionales hacia la Luna y Marte.
El experimento utilizó un simulante de regolito lunar —un material que imita el polvo y las rocas de la superficie del satélite— inspirado en las muestras traídas por las misiones Apolo hace más de medio siglo. Para que la vida brotara en un entorno tan hostil, los científicos recubrieron semillas de la variedad «Myles» con hongos específicos y emplearon vermicompost, un fertilizante natural generado por lombrices.
LEE TAMBIÉN | Morrissey lanzó su primer disco solista en cinco años
Los resultados fueron sorprendentes: las plantas lograron desarrollarse con éxito en mezclas que contenían hasta un 75 % de suelo lunar simulado. Si bien el rendimiento disminuía a medida que aumentaba la proporción de regolito, el tamaño de los garbanzos se mantuvo estable. Este hallazgo sugiere que, con la intervención biológica adecuada, el suelo inorgánico de otros mundos podría transformarse en un sustrato productivo.
Jessica Atkin, investigadora principal de la Universidad Texas A&M, destacó que los garbanzos son candidatos ideales para el espacio debido a su alto valor proteico. Sin embargo, advirtió que todavía no son aptos para el consumo humano. Actualmente, las legumbres son analizadas para detectar si han absorbido metales pesados como el aluminio, presentes en el regolito, que podrían resultar tóxicos para los astronautas.
MIRÁ TAMBIÉN | Científicos hallaron una mosca parásita de aves nunca vista en el Hemisferio Sur
El papel de los microorganismos fue la clave del éxito. Los hongos establecieron una relación simbiótica con las raíces, ayudándolas a absorber nutrientes esenciales y filtrando elementos dañinos. Este enfoque biotecnológico busca reducir la dependencia de los suministros enviados desde la Tierra, cuyo costo de transporte sigue siendo uno de los mayores obstáculos para establecer bases permanentes en el espacio.
Más allá de la producción de alimento, estos cultivos cumplen una función vital adicional: la generación de oxígeno y la mejora de los sistemas de soporte de vida. Mientras la misión Artemis II calienta motores, la posibilidad de cocinar un «hummus lunar» en el futuro parece estar un paso más cerca de la realidad, transformando la ciencia ficción en una herramienta de supervivencia para la humanidad multiplanetaria.
Fuente y foto: DW.


