Investigadores en Perú han creado la variedad CIP-Matilde, que no requiere fungicidas, para combatir la enfermedad del tizón tardío y asegurar la producción sostenible de papa.
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El tizón tardío, una enfermedad devastadora causada por un patógeno similar a un hongo, ha sido una amenaza constante para los cultivos de papa a lo largo de la historia. Este patógeno convierte rápidamente las plantas en una papilla incomestible, causando pérdidas significativas en la cosecha. Recientemente, el tizón tardío ha comenzado a infiltrarse en las partes más altas de los Andes peruanos, favorecido por el clima más cálido y húmedo.
Para enfrentar este desafío, los científicos del Centro Internacional de la Papa (CIP) en Perú han desarrollado una variedad de papa resistente al tizón tardío llamada CIP-Matilde. Esta variedad, lanzada en 2021, no requiere fungicidas para combatir la enfermedad, marcando un hito en la agricultura sostenible.
El proceso de desarrollo de CIP-Matilde involucró la búsqueda de resistencia en los parientes silvestres de la papa, plantas no domesticadas que están lejanamente relacionadas con las variedades cultivadas actuales. Una vez identificada la resistencia, los científicos cruzaron estas plantas silvestres con las cultivadas. Los agricultores locales jugaron un papel crucial al probar y votar por las variedades que preferían cultivar, vender y consumir.
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Benjamin Kilian, científico principal de Crop Trust en Bonn, Alemania, explicó que la resistencia a las enfermedades a menudo se reduce a un solo gen, mientras que la resistencia a factores estresantes como la sequía puede implicar cientos de genes. Crop Trust se asoció con el CIP para desarrollar la papa Matilde y trabaja en muchas otras variedades de cultivos resistentes a diferentes desafíos ambientales.
El proyecto Bold (Biodiversidad para Oportunidades, Sustento y Desarrollo) de Crop Trust reúne a bancos comunitarios de semillas, programas nacionales de mejoramiento y centros de investigación internacionales, y destaca la importancia de la participación de los agricultores en el proceso de selección de cultivos.
La resistencia a enfermedades como el tizón tardío es crucial para asegurar la estabilidad de las cosechas en un clima cambiante. Sin embargo, los científicos también están trabajando en variedades de cultivos que puedan soportar otros factores estresantes como la sequía, anegamientos y condiciones de salinidad.
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El Instituto de Innovación Genómica (IGI) en California utiliza la edición genética para acelerar el desarrollo de cultivos resistentes. Brad Ringeisen, director ejecutivo del IGI, afirma que la edición genética es una herramienta precisa que puede acelerar los ciclos de innovación, haciendo que los cultivos sean menos vulnerables a los desastres sin la necesidad de rociar más pesticidas.
En un futuro, se espera que la edición genética y otros avances científicos continúen desempeñando un papel crucial en la creación de variedades de cultivos más resistentes y sostenibles. La participación activa de los agricultores y la diversificación de los cultivos serán esenciales para enfrentar los desafíos del cambio climático y asegurar la seguridad alimentaria global.
Fuente: Mendoza Post
Foto: BBC
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