El agotamiento crónico se ha convertido en un mal silencioso de esta era. Aunque solemos culpar al exceso de responsabilidades, muchas veces el cansancio permanente está relacionado con hábitos cotidianos que consumen más energía de la que imaginamos.
Especialistas advierten que detectar estas conductas y hacer ajustes en la rutina es clave para recuperar el bienestar.
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Según la médica psiquiatra Estefanía Mondin, tanto la falta de descanso como el estrés, la mala alimentación o los trastornos anímicos pueden provocar una profunda fatiga física y mental. Además, la privación crónica de sueño, aunque pase desapercibida, es uno de los factores que más altera la concentración, el estado de ánimo y la productividad.
Uno de los hábitos más desgastantes es la multitarea: al intentar hacer varias cosas a la vez, el cerebro se satura, disminuye su eficiencia y aumenta el estrés. Otro factor es la procrastinación, que mantiene a la mente atrapada en tareas pendientes, generando culpa y ansiedad. También afecta el cansancio emocional el hábito de complacer siempre a los demás, dejando de lado las propias necesidades.
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El desorden en los espacios también juega en contra. Un entorno caótico se traduce en confusión mental. A esto se suma la rumiación, ese ciclo de pensamientos negativos que desgasta y bloquea. Según los expertos, practicar mindfulness o iniciar terapia puede ser de gran ayuda para romper estos patrones mentales.
Para recuperar energía, los especialistas recomiendan establecer rutinas saludables: realizar ejercicio físico regular, descansar al menos ocho horas, reducir el uso de pantallas antes de dormir y planificar las actividades diarias. Cambiar pequeños hábitos puede ser el primer paso para salir del agotamiento y recuperar la vitalidad.
Fuente: Infobae.


