Un estudio del lobo terrible revela sus enormes dimensiones y su papel clave en el ecosistema prehistórico.
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El lobo terrible (Canis dirus), un majestuoso depredador, se destaca por su impresionante tamaño y habilidades de caza. Se estima que era hasta un 25% más grande que el lobo gris actual, y su poderosa mandíbula estaba diseñada para triturar grandes huesos. Este formidable carnívoro cazaba en manadas, alimentándose de presas robustas y diversas, que incluían caballos, ciervos, pecaríes e, incluso, crías de mamuts y perezosos. Sus restos han sido descubiertos en una vasta extensión geográfica, que abarca desde Canadá hasta Argentina, y también en el árido desierto de Atacama en Chile.
El doctor Francisco Prevosti, investigador del CONICET y especialista en cánidos sudamericanos, subraya que el lobo terrible habitaba principalmente en ambientes abiertos. “Su amplia distribución indica que fue un animal altamente adaptable, capaz de sobrevivir en una variedad de climas y regiones,” apunta Prevosti. Sin embargo, su extinción al final del Pleistoceno, hace aproximadamente 10,000 años, coincide con la desaparición de otros grandes mamíferos.
Las teorías sobre su extinción sugieren que el impacto de los cambios climáticos, combinado con la acción humana, fue crucial. La caza directa y la reducción de las poblaciones de presas ocasionaron una drástica disminución de su hábitat, llevando a este magnífico depredador a la extinción. Hoy, el lobo terrible queda como un recordatorio de la vulnerabilidad de las grandes especies en un mundo en constante cambio.
Fuente y foto: Infobae


