La temporada de verano impulsa el movimiento turístico y el consumo en todo el país y en el exterior, pero también eleva los riesgos de estafas vinculadas al uso de tarjetas y pagos digitales. Con miles de argentinos viajando por la Costa Atlántica, la Patagonia o países vecinos como Brasil, Uruguay y Chile, el uso intensivo de medios electrónicos se convirtió en un terreno fértil para distintas modalidades de fraude.
Entre las maniobras más frecuentes aparece el “cambiazo” de tarjeta, que ocurre cuando el plástico sale del campo visual del cliente y es reemplazado por otro similar. En bares y restaurantes, el simple hecho de que el personal se lleve la tarjeta para procesar el pago puede derivar en la copia de datos o en consumos posteriores no autorizados, que suelen detectarse recién al revisar el resumen.
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Otra práctica habitual es la clonación mediante terminales de pago adulteradas. Posnets en mal estado, con pantallas dañadas o conexiones precarias, pueden ser utilizados para capturar información sensible, especialmente cuando se emplea la banda magnética. A esto se suman engaños en zonas de playa, como el conocido “golpe da maquininha” en Brasil, donde el monto se modifica sin que el turista lo advierta.
Especialistas advierten que confiar exclusivamente en la tarjeta física incrementa la exposición al fraude. Los pagos digitales, como QR, billeteras virtuales o sistemas como Pix, reducen el intercambio físico del plástico y ofrecen mayor trazabilidad. Además, permiten verificar el importe y la moneda antes de confirmar la operación, un paso clave para evitar cargos indebidos.
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Para minimizar riesgos, recomiendan activar alertas en tiempo real por cada consumo, limitar los montos diarios de las tarjetas y evitar realizar operaciones financieras desde redes Wi-Fi públicas. Revisar siempre el importe en pantalla, no perder de vista la tarjeta y optar por medios electrónicos seguros se volvió fundamental para disfrutar las vacaciones sin sobresaltos económicos.
Fuente: Infobae.


