La grieta argentina no solo es política: también se refleja con fuerza en el consumo. Un reciente estudio de la consultora Moiguer expone un país partido en dos: de un lado, un sector que sostiene gastos en viajes, marcas y bienes importados; del otro, una mayoría que no llega a fin de mes y recorta en alimentos, medicamentos y servicios básicos.
La clase media alta y alta ha recuperado capacidad de gasto en el último año, impulsada por ingresos en dólares o sectores dolarizados. Este grupo dinamiza el turismo internacional, el consumo en plataformas extranjeras y la compra de electrodomésticos y autos. Mientras tanto, más del 50% de la población declara tener dificultades para cubrir gastos básicos mensuales, según el mismo informe.
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Las tarifas, tras la política de sinceramiento del gobierno de Javier Milei, multiplicaron los costos del gas, agua y electricidad. Una familia tipo que pagaba $20.000 de gas en noviembre de 2023, ahora abona $200.000. Este fenómeno golpea con dureza a los jubilados, quienes además enfrentan alzas en medicamentos y servicios médicos.
Las ventas en alimentos, bebidas, indumentaria, farmacia y perfumería siguen en baja, como informó la CAME en mayo. Mientras tanto, el turismo emisivo creció un 80% interanual, y las compras online en sitios extranjeros aumentaron 11%. Las estadísticas oficiales muestran que el consumo se reconfigura: cae el esencial y sube el aspiracional, pero solo para una minoría.
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La brecha se profundiza y deja al descubierto una fractura estructural: los ingresos no solo definen el estilo de vida, sino también la dignidad cotidiana. Mientras unos consumen con confianza, otros sobreviven con angustia. Esta asimetría marca el pulso económico y social de la Argentina actual.
Fuente: Noticias Argentinas.


