La película de Lucía Palacio usa el humor y el acento cordobés para retratar la pasión por el fernet y el cuarteto, con recursos estéticos de redes sociales y tomas aéreas. Pero la repetición diluye lo que prometía.
Cordobeces: la película, dirigida por Lucía Palacio, sigue a una extranjera que llega a Córdoba para filmar un documental sobre el cuarteto y recibe la ayuda de Eddie, un supuesto sociólogo cordobés conocido en redes sociales. El punto de partida es promisorio: las contradicciones de la identidad cordobesa como fuente de humor.
El film combina videos extraídos de redes sociales —al estilo de Muchachos: la película de la gente (2023)— con tomas aéreas en lugares emblemáticos de la provincia. El recorrido turístico convive con el costumbrismo local, el ingenio popular y el humor que caracteriza a sus habitantes.
Sin embargo, hacia la mitad del metraje la película pierde inventiva y entra en una dinámica de repetición. La acumulación de situaciones diluye la gracia en lugar de renovarla. Cordobeces celebra el espíritu cordobés, pero carece de los recursos para sostener su irreverencia hasta el final.
Con información de Escribiendo Cine.


