Investigadores de la Universidad de Sídney presentaron una innovación disruptiva en el campo de la biotecnología: PROTEUS, un sistema de inteligencia artificial biológica que acelera la evolución de proteínas dentro de células de mamíferos.
Este desarrollo permite encontrar soluciones terapéuticas en semanas, cuando antes requerían años. El avance se basa en una técnica conocida como evolución dirigida, pero aplicada ahora en entornos celulares humanos, lo que maximiza su relevancia clínica.
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A diferencia de los métodos tradicionales, que operan en bacterias, PROTEUS trabaja directamente en células de mamíferos, explorando millones de secuencias genéticas para resolver problemas biológicos complejos, como desactivar genes patógenos. Para evitar «atajos» ineficaces, los científicos implementaron partículas virales híbridas que mantienen la estabilidad celular a lo largo de múltiples ciclos de evolución.
El sistema ya demostró resultados prometedores: generó proteínas mejoradas que responden a fármacos y nanocuerpos capaces de detectar daños en el ADN, un marcador clave en la detección temprana del cáncer. También mejoró la precisión de tecnologías de edición genética como CRISPR. PROTEUS actúa como una IA tradicional que recibe desafíos y los resuelve mediante la exploración masiva de posibles soluciones moleculares.
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Una de sus mayores fortalezas es su carácter de código abierto, lo que permite que cualquier laboratorio del mundo acceda, modifique y aplique esta tecnología en sus investigaciones. Esta estrategia de apertura impulsa la colaboración global, democratiza el acceso a la ciencia de vanguardia y acelera la innovación biomédica en centros que carecen de recursos.
Las proyecciones médicas son amplias. PROTEUS ya mostró eficacia en estudios contra el cáncer colorrectal, mejorando la respuesta inmunológica y potenciando terapias génicas. Su capacidad de evolucionar proteínas a medida en entornos celulares humanos lo convierte en una herramienta crucial para combatir enfermedades complejas, desarrollar nuevos fármacos y enfrentar amenazas sanitarias urgentes como la resistencia antimicrobiana.
Fuente: The University Sidney.


