Finlandia finalizó la construcción de una valla de 200 kilómetros en sectores estratégicos de su frontera con Rusia, en una obra que demandó tres años y una inversión estimada de 356 millones de euros. El Gobierno de Helsinki la considera una medida clave para reforzar la seguridad.
La estructura tiene 4,5 metros de altura y está equipada con cámaras y sensores de vigilancia. El cerco se extiende sobre distintos puntos de los 1.340 kilómetros de frontera que separan a ambos países, la más extensa que comparte un miembro de la Unión Europea o de la OTAN con territorio ruso.
El acto de finalización se realizó en las inmediaciones del puesto fronterizo de Nuijamaa, en el sureste finlandés. La ministra del Interior, Mari Rantanen, calificó la obra como “esencial” y sostuvo que cada Estado debe garantizar su seguridad y la inviolabilidad de sus fronteras.
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Los pasos terrestres con Rusia permanecen cerrados desde diciembre de 2023. Finlandia acusó entonces a las autoridades rusas de facilitar el desplazamiento de más de 1.300 personas sin visado hacia la frontera con el objetivo de desestabilizar al país, una acusación que el Kremlin negó.
Aunque desde el cierre se registraron pocos cruces ilegales, Rantanen advirtió que la situación podría modificarse rápidamente. “Hoy hay calma, pero tensión, y realmente no sabemos qué pasará mañana”, afirmó la funcionaria, quien destacó la necesidad de mantener una preparación permanente.
Las autoridades finlandesas no descartan extender el vallado a otros sectores y reclaman financiación de la Unión Europea para los países del este. En paralelo, el Gobierno busca extender hasta fines de 2028 la denominada “ley de devolución fronteriza”, mientras otros países de la región, como Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, también construyeron barreras en sus fronteras con Bielorrusia.


