La pronunciada bajante del río Paraná provocó una crisis en el transporte fluvial, afectando tanto a la navegación como al comercio agrícola. Con el calado de navegación reducido a 8,88 metros, varias embarcaciones quedaron inmovilizadas, lo que llevó a algunas navieras a suspender el transporte de carga desde Bolivia. La situación llevó a los exportadores a buscar alternativas, con Bahía Blanca emergiendo como uno de los principales beneficiarios del desvío de las rutas comerciales.
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El impacto de esta crisis hídrica no solo se siente en Argentina. En Bolivia, las actividades navieras que operan en la hidrovía hacia los puertos bolivianos fueron suspendidas debido a la falta de acceso de las barcazas por el Canal Tamengo. Esto afecta las exportaciones de soja y sus derivados, así como la importación de diésel y otros productos esenciales para el país andino. La suspensión del transporte por una de las autopistas fluviales más importantes del mundo agrava el panorama.
El puerto de Bahía Blanca vio un aumento significativo en su actividad desde que comenzó la crisis. Se estima que, si la bajante continúa, se transportarán más de medio millón de toneladas de cereales hacia este puerto hasta fin de año. Los camiones y trenes fueron la solución para trasladar la carga que no puede navegar por el Paraná, lo que intensificó el trabajo en las terminales portuarias de Bahía Blanca, donde los buques cargan hasta 8.000 toneladas por granelero antes de zarpar.
La situación es crítica también en Rosario, donde el nivel del río descendió hasta niveles mínimos no vistos desde 1970. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la carga promedio de los buques se encuentra un 6% por debajo de la registrada el año pasado, lo que genera preocupación entre los exportadores agrícolas. Además, los pronósticos indican que no habrá grandes mejoras en los caudales del río en los próximos meses, lo que podría agravar aún más la situación.
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A pesar de la gravedad de la bajante actual, las autoridades de la Prefectura Naval Argentina afirman que no será tan severa como la ocurrida en 2020, que dejó gran parte del lecho del río expuesto y paralizó el transporte fluvial. Sin embargo, la incertidumbre sigue presente, y tanto las navieras como los productores agrícolas permanecen en alerta ante la posibilidad de que las condiciones empeoren hacia finales de año.
Fuente: Noticias Argentinas.
Foto: Archivo.


