Paul Alexis Cárdenas y Roque Sepúlveda, del INTA Esquel, viajaron al continente blanco para optimizar los módulos de hidroponia. Su trabajo permite que las dotaciones de las bases Esperanza y Marambio accedan a hortalizas frescas en condiciones extremas.
Dos técnicos del Campo Experimental Trevelin, perteneciente al INTA Esquel, protagonizaron una misión clave para la soberanía alimentaria en la Antártida Argentina. Alexis Cárdenas y Roque Sepúlveda se trasladaron a las bases Marambio y Esperanza con el objetivo de realizar tareas integrales de mantenimiento en los Módulos de Producción Hidropónica, una tecnología que desafía el clima polar para ofrecer alimentos frescos al personal científico y militar.
Tras dos intentos de ingreso debido a las severas condiciones meteorológicas, los técnicos lograron aterrizar en enero de 2026 para iniciar las labores de reconstrucción, pintura y optimización de las instalaciones. Según explicaron, el trabajo consistió en mejorar la infraestructura de los techos, adecuar la iluminación y preparar las soluciones nutritivas necesarias para los cultivos de rúcula, lechuga y perejil.
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«Para las dotaciones esto es muy importante porque muchas veces los alimentos deben conservarse en cámaras de frío y no siempre hay verduras frescas. Tener una rúcula fresca para una pizza o una lechuga para una ensalada es algo espectacular», destacó Sepúlveda sobre el impacto cotidiano de este proyecto que el INTA sostiene junto al Comando Conjunto Antártico.
La experiencia, calificada como inolvidable por los protagonistas, permitió que los módulos quedaran en óptimas condiciones bajo la supervisión técnica de Jorge Birgi, del INTA Santa Cruz. Con el mantenimiento finalizado y los primeros brotes asomando, ahora son las propias dotaciones de las bases las encargadas de custodiar la producción, asegurando un suministro vital de vitaminas en el rincón más inhóspito del planeta.





