Un equipo de investigadores presentó en la revista Nature Communications un innovador sensor biocompatible inspirado en la mosca de la fruta que permite a los robots contar con visión panorámica de 180 grados y olfato artificial en un solo dispositivo miniaturizado.
El desarrollo toma como modelo el ojo compuesto de este insecto, capaz de procesar información visual a gran velocidad y abarcar un amplio campo de visión. El nuevo sensor integra 1.027 unidades visuales distribuidas en una superficie de apenas 1,5 milímetros, lo que lo convierte en un componente diminuto, ligero y eficiente.
Para su fabricación, los ingenieros utilizaron una técnica de polimerización por dos fotones con láser de femtosegundo, que permitió alcanzar una densidad óptica inédita en robótica. El resultado es un “ojo” artificial capaz de operar en drones y micro-robots en espacios reducidos y complejos.
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Además de la capacidad visual, el dispositivo incorpora pequeños pelos artificiales —llamados setae— que protegen las lentes del polvo y la humedad. Este diseño mejora el rendimiento en ambientes adversos, como zonas de desastre, áreas industriales o escenarios de rescate.
El avance más disruptivo fue la integración de un sistema de detección química impreso por inyección de tinta que cambia de color ante la presencia de gases peligrosos. El sistema, denominado bio-CE, permite a los robots identificar obstáculos en movimiento y amenazas químicas sin necesidad de girar su estructura.
Aunque el prototipo aún enfrenta desafíos en la resolución de imagen y en la velocidad de respuesta química, los investigadores prevén que esta tecnología podría revolucionar las operaciones de emergencia. Drones equipados con este sensor podrían ingresar en edificios colapsados, detectar fugas tóxicas y asistir en misiones de alto riesgo sin exponer vidas humanas.
Fuente: Infobae.


