Investigadores advierten que los sesgos de preservación distorsionaron la interpretación de la fauna jurásica: la aparente abundancia de especies pequeñas responde a un “artefacto tafonómico”.
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El modelo propuesto por David Smyth y su equipo replantea la imagen que se tenía de los pterosaurios en el famoso yacimiento de Solnhofen (Alemania). Durante décadas, los fósiles hallados en la región —con gran cantidad de ejemplares pequeños y escasa presencia de individuos de gran tamaño— llevaron a pensar que los ecosistemas jurásicos estaban dominados por formas reducidas.
Sin embargo, los investigadores sostienen que esa visión está sesgada. La rareza de pterosaurios con envergaduras superiores a dos metros no se debe a su ausencia real, sino a un artefacto tafonómico, es decir, una distorsión producida por los procesos de fosilización. En este caso, las condiciones de preservación favorecieron la conservación de los animales más frágiles y vulnerables, mientras que los grandes ejemplares eran menos propensos a quedar registrados en las calizas litográficas.
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El análisis comparado con otros yacimientos contemporáneos demostró que los pterosaurios de mayor tamaño sí existían, aunque su representación en Solnhofen sea casi nula. Además, el estudio resalta que eventos climáticos extremos, como tormentas tropicales, pudieron provocar la muerte y enterramiento masivo de individuos jóvenes, reforzando la falsa impresión de que las especies pequeñas eran dominantes.
Los especialistas concluyen que este sesgo de preservación no solo afecta a la reconstrucción de la diversidad de especies, sino también a la comprensión de la evolución y paleoecología de los pterosaurios. Por eso, llaman a la cautela a la hora de extrapolar datos de un único yacimiento, ya que el registro fósil disponible sigue siendo limitado y aún quedan muchas incógnitas por resolver sobre estos reptiles voladores que compartieron el mundo con los dinosaurios.
Fuente y foto: Infobae


