A más de 50 kilómetros de la costa de Carolina del Norte, en una zona donde se han hundido más barcos que en cualquier otro punto del océano, se levanta la Torre Frying Pan. Lo que alguna vez fue un faro militar hoy funciona como un singular hotel en medio del Atlántico, accesible sólo en helicóptero o barco. Su fama no se debe al lujo, sino al peligro que implica pasar una noche allí.
Construida en 1964 para guiar a los navegantes en el temido “Cementerio del Atlántico”, la estructura soportó décadas de huracanes, corrosión y abandono. Tras quedar fuera de servicio en 2003, fue comprada por el ingeniero de software Richard Neal, quien decidió convertirla en un hospedaje para aventureros. Su audacia sorprendió a todos: pagó apenas 70 mil dólares por el viejo faro.
MIRÁ TAMBIÉN | Icardi fue criticado por los hinchas del Galatasaray tras publicar fotos
Hoy, la torre ofrece ocho habitaciones austeras, sin lujos ni comodidades modernas, aunque con agua caliente y conexión wifi. El precio por estadía varía entre 900 y 2.000 dólares, dependiendo del tipo de experiencia: voluntariado, ecoturismo o simple alojamiento. Los visitantes deben firmar un descargo legal por cualquier accidente, desde un golpe de mar hasta un ataque de tiburón.
Pese al riesgo, el Frying Pan Tower recibe huéspedes durante todo el año. Pescadores, buceadores y parejas intrépidas eligen este rincón del Atlántico para vivir algo distinto. Desde la cubierta pueden contemplar amaneceres únicos, practicar pesca o tiro al blanco y disfrutar de un horizonte sin fin, donde la soledad y el mar se confunden en un mismo azul.
MIRÁ TAMBIÉN | Científicos crean minicerebros para potenciar computadoras
Entre tormentas y oleajes, la torre resiste como símbolo de tenacidad. Convertida en atractivo turístico, el Frying Pan Tower demuestra que la adrenalina también puede ser un destino. Dormir en “el hotel más peligroso del mundo” no es para cualquiera, pero quienes lo hacen aseguran que pocas experiencias se comparan con mirar un amanecer en medio del océano.
Fuente: Clarín.


