El Día Mundial del Chicle se celebra cada 13 de enero y recuerda la evolución de un producto que pasó de ser una tradición indígena a un fenómeno consumido en todo el mundo. Lejos de ser una efeméride trivial, esta jornada invita a explorar cómo un simple acto de masticar se relaciona con la historia, la cultura y la economía global.
La goma de mascar tiene raíces ancestrales en América. Pueblos originarios como los mayas y aztecas masticaban resinas naturales extraídas de árboles, prácticas que limpiaban la boca y aportaban frescura. Con la llegada de los europeos, estas costumbres se difundieron fuera de su región, inspirando inventores y comerciantes a crear versiones industriales que pudieran producirse en serie.
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A fines del siglo XIX, la materia prima indígena inspiró el desarrollo de gomas de mascar modernas. La palabra “chicle” proviene del náhuatl “chictli” y dio lugar a productos que, años más tarde, se convirtieron en íconos de la cultura popular gracias a marcas emblemáticas, empaques innovadores y campañas publicitarias dirigidas a jóvenes y familias.
El Día Mundial del Chicle se instituyó para celebrar la historia y presencia cotidiana de este producto. La fecha reúne a aficionados y consumidores que comparten datos curiosos, degustaciones y anécdotas, además de fomentar la reflexión sobre hábitos de consumo, sostenibilidad y salud bucal. Así, la celebración conecta tradiciones ancestrales con el entretenimiento, la industria y la memoria colectiva.
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Hoy, la expansión global del chicle evidencia su impacto cultural y económico. Desde su producción industrial hasta su consumo masivo, pasando por la innovación en sabores y fórmulas sin azúcar, el chicle refleja cómo un objeto cotidiano puede trascender fronteras y generaciones, consolidándose como un símbolo de creatividad, comercio y tradición compartida.
Fuente: Infobae.


