El sorprendente descubrimiento tuvo lugar en una tumba en tierras alemanas, donde yacían los restos de un noble del Imperio romano. Entre los objetos funerarios, destacaba una botella de vidrio, la «Speyer», que se convirtió en el objeto de estudio y admiración. Aunque el contenido de la botella no sea apetecible a la vista, los expertos han asegurado que no presenta riesgos para el consumo.
Pero, ¿cuántos años tiene esta botella de vino que ha desafiado el tiempo? La tumba que albergaba al noble romano también contenía diez vasos y un segundo sarcófago con los restos de una mujer y seis botellas de vidrio. Entre estas, solo una aún contenía líquido. Mediante análisis detallados, se confirmó que esta botella había sido utilizada para guardar vino y tenía una antigüedad de aproximadamente 1.700 años.
La singularidad de la «Speyer» radica no solo en su edad, sino en su capacidad de mantenerse intacta durante 17 siglos. En la época del Imperio romano, los vidrios eran frágiles y poco utilizados para recipientes líquidos debido a su propensión a la ruptura. Esta botella, sin embargo, desafía las probabilidades.

Características notables de la «Speyer»:
- Embotellada entre los años 325 y 350.
- Capacidad de 1,5 litros.
- Conservación sin variaciones significativas en los últimos 25 años.
La mejor custodia para esta reliquia es el Museo del Vino en el Museo Histórico del Palatinado, en Speyer, Alemania, donde ha permanecido desde 1867.
¿Por qué se considera seguro consumir el contenido de esta antigua botella de vino? Aunque ha habido curiosidad por descubrir el contenido de la «Speyer» desde su descubrimiento hace 156 años, un análisis de 2018 determinó que debería permanecer cerrada, ya que no se podía prever cómo interactuaría el vino con el aire.
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A pesar de ello, surge la pregunta: si un día se lograra abrir la botella, ¿sería seguro consumir el vino? La respuesta es sorprendente: ¡Sí! A lo largo de los años, el contenido de etanol del vino se ha perdido, pero el vino ha sobrevivido gracias a una técnica ingeniosa. Se selló con una gran cantidad de aceite de oliva espeso, lo que lo protegió del aire y permitió su conservación. Monika Christmann, profesora de enología en la Universidad Hochschule de Geisenheim, confirmó que, desde una perspectiva microbiológica, el vino no está deteriorado y, aunque podría no ser un placer para el paladar, su consumo no representa riesgos.
FUENTE: Billiken


