Ubicada en Werfen, a solo una hora de Salzburgo, Eisriesenwelt fascina con sus formaciones heladas milenarias y su historia climática, convirtiéndose en un destino único para la ciencia y el turismo en Austria.
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En lo profundo de los Alpes austríacos, cerca del municipio de Werfen, se esconde Eisriesenwelt, la cueva de hielo más grande del mundo. Con más de 42 kilómetros de extensión subterránea, este monumento natural es uno de los grandes atractivos turísticos y científicos de Austria, visitado cada año por unas 200.000 personas.
El sistema de galerías, situado a 1.640 metros sobre el nivel del mar, deslumbra por sus dimensiones: la sala principal alcanza los 20 metros de ancho y 18 de alto, creando la sensación de ingresar a un palacio congelado. Entre sus espacios más destacados se encuentran el Eispalast o “Palacio de Hielo” y la galería Neue Welt, conectada por un túnel en forma de “U” que intensifica la aventura.
Más allá de su atractivo turístico, Eisriesenwelt es un laboratorio natural para la ciencia. Investigaciones lideradas por Christoph Spötl, de la Universidad de Innsbruck, revelaron que el hielo más antiguo de la cueva tiene más de tres mil años. Estos estudios permiten reconstruir la historia climática de los Alpes, mostrando cómo las variaciones del clima medieval y la Pequeña Edad de Hielo dejaron huella en sus capas congeladas.
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El acceso al público está restringido a la temporada entre mayo y octubre, debido a las condiciones extremas. El recorrido guiado, de unos 75 minutos, invita a explorar estalactitas y estalagmitas de hielo en un entorno mágico, al que se accede tras un ascenso en teleférico o a pie por senderos de montaña.
Sin embargo, la majestuosidad de Eisriesenwelt también refleja la fragilidad de estos ecosistemas. Los científicos advierten que el cambio climático ya comienza a afectar incluso a estas cuevas, consideradas cápsulas del tiempo que resguardan la memoria ambiental del planeta.
Fuente y foto: Infobae


