Dormirse con la televisión prendida o música de fondo es un hábito muy extendido, pero la ciencia advierte que ciertos sonidos pueden alterar la calidad del sueño sin que la persona lo note.
Muchas personas sienten que necesitan algún estímulo auditivo para conciliar el sueño, ya sea por sensación de compañía o para callar los pensamientos después de un día agitado. Sin embargo, lo que parece inofensivo puede estar interfiriendo con procesos biológicos esenciales. El descanso no depende solo de las horas dormidas, sino también de la profundidad y continuidad del sueño, y cualquier sonido del entorno puede alterar esos ciclos sin generar un despertar completo.
Según Sleep Foundation, durante la noche el cerebro atraviesa fases de sueño que cumplen funciones clave como la consolidación de la memoria, la regulación hormonal y la recuperación física. Los ruidos ambientales, aunque leves, pueden provocar microdespertares que la persona no recuerda, reducir el tiempo en fases profundas del sueño, aumentar la frecuencia cardíaca y generar sensación de cansancio al despertar pese a haber dormido varias horas. Esto ocurre porque el cerebro mantiene cierto nivel de vigilancia ante estímulos externos incluso durante el descanso.
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No todos los sonidos impactan de la misma manera. La televisión es el estímulo más perjudicial porque combina cambios de volumen, voces y luz de pantalla, factores que también interfieren con la producción de melatonina. Los sonidos constantes como el ruido blanco, en cambio, pueden enmascarar estímulos externos y resultar menos disruptivos en personas con mayor sensibilidad auditiva o ansiedad nocturna. La clave está en la estabilidad del sonido y en la sensibilidad individual.
Los especialistas coinciden en que el entorno ideal para dormir es oscuro, silencioso y fresco. Para quienes dependen del ruido para dormirse, recomiendan una transición gradual: reducir progresivamente el volumen, programar temporizadores para que el sonido se apague después de conciliar el sueño y evitar pantallas al menos 30 minutos antes de acostarse. Pequeños cambios en el ambiente nocturno pueden tener un impacto significativo en la memoria, el sistema inmune, el estado de ánimo y la prevención de enfermedades crónicas.
Con información de TN.


