La robótica se ha unido a la biología para superar barreras tecnológicas aparentemente insalvables. Drones diminutos, antes limitados en funciones de orientación y autonomía debido a su tamaño, ahora pueden recorrer largas distancias imitando la forma en que las hormigas se orientan.
Investigadores de la Universidad Técnica de Delft, en los Países Bajos, han desarrollado una estrategia de navegación autónoma inspirada en las hormigas, que combinan el reconocimiento visual de su entorno con el conteo de pasos para regresar a casa. Este método permite a los drones pequeños volver a su base después de recorrer largas distancias, requiriendo muy poco cálculo y memoria: solo 0,65 kilobytes por cada 100 metros.
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El estudio, publicado en Science Robotics, muestra que estos diminutos robots pueden realizar tareas como supervisar existencias en grandes superficies, detectar plagas y enfermedades en invernaderos, o identificar fugas de gas en instalaciones industriales. Hasta ahora, la IA necesaria para la navegación autónoma ha sido diseñada pensando en robots grandes, como vehículos autónomos, que requieren mucho procesamiento y memoria. Sin embargo, los insectos han servido de inspiración, operando a distancias considerables con escasos recursos de detección y computación.
Los insectos combinan el seguimiento de su propio movimiento, conocido como odometría, con su memoria visual. Una hormiga toma instantáneas ocasionales de su entorno para encontrar el camino de vuelta a casa. Tom van Dijk, el primer autor del estudio, explicó: «La navegación basada en instantáneas se puede comparar con la forma en que Hansel intentaba no perderse en el cuento de hadas de Hansel y Gretel. Cuando Hans arrojaba piedras al suelo podía volver a casa. Sin embargo, cuando arrojaba migas de pan se las comían los pájaros y Hansel y Gretel se perdían. En nuestro caso, las piedras son las instantáneas».
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La estrategia permitió que un dron llamado CrazyFlie, de 56 gramos y equipado con una cámara omnidireccional, cubriera distancias de hasta 100 metros con un consumo de solo 0,65 kilobytes. Todo el procesamiento visual se realizó en una pequeña computadora llamada microcontrolador, presente en muchos dispositivos electrónicos de bajo coste.
FUENTE: El Mundo.
FOTO: PROFLASH.


