El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, lleva adelante una gira por Colombia, Ecuador y Perú que se extenderá hasta el jueves 10 de septiembre. La agenda oficial está centrada en seguridad, combate al narcotráfico y fortalecimiento de los vínculos bilaterales, aunque especialistas consideran que el objetivo es más amplio.
Los tres países conforman un corredor estratégico sobre el Pacífico y atraviesan un escenario político considerado favorable para los intereses de la administración de Donald Trump. En este contexto, Washington busca profundizar sus vínculos con los gobiernos de Abelardo de la Espriella en Colombia, Daniel Noboa en Ecuador y Keiko Fujimori en Perú.
El analista político Fausto Giraldo sostuvo que la gira prioriza la seguridad y el alineamiento regional por sobre la cooperación comercial. Ecuador, en particular, mantiene reclamos pendientes ante Estados Unidos, entre ellos la liberación de aranceles para productos como las flores.
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La analista internacional Soledad Trujillo comparó la estrategia estadounidense con la Doctrina de Seguridad Nacional del siglo XX, aunque con el concepto de “narcoterrorismo” como nuevo eje. También señaló que Washington busca contrarrestar la creciente presencia económica de China en el Pacífico, cuyo principal símbolo regional es el megapuerto de Chancay, en Perú.
La dimensión militar también cobró protagonismo en Ecuador. En las dos semanas previas a la llegada de Rubio a Quito, el Comando Sur y el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, reportaron el bombardeo de al menos cinco embarcaciones que, según inteligencia de Estados Unidos, brindaban apoyo logístico a lanchas presuntamente utilizadas para transportar droga hacia Norteamérica.
Además, dos aeronaves convertiplanos MV-22B Osprey arribaron a territorio ecuatoriano, en un contexto de creciente cooperación militar. Ante la posibilidad de que Ecuador se convierta en una plataforma estratégica de Washington, especialistas plantean la necesidad de que el país establezca una agenda propia y límites claros para evitar que la cooperación internacional derive en una relación de subordinación.


