El aumento del nivel del mar amenaza con sumergir Te Pokohiwi o Kupe, uno de losasentamientos humanos más antiguos de Aotearoa. Para el pueblo Rangitāne, la pérdida no sería solo territorial, sino espiritual y cultural.
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En la región de Marlborough, al noreste de la Isla Sur de Nueva Zelanda, se encuentra Te Pokohiwi o Kupe —también conocido como Wairau Bar—, uno de los sitios arqueológicos más antiguos del país. Este lugar sagrado para el pueblo maorí Rangitāne o Wairau, donde se hallaron vestigios de los primeros asentamientos humanos polinesios, enfrenta hoy una amenaza crítica: el aumento del nivel del mar.
Un reciente estudio del National Institute of Water and Atmospheric Research (NIWA), publicado en la revista MAI Journal, advierte que hasta el 75% del terreno patrimonial podría quedar bajo el agua antes de que termine el siglo, si continúan las proyecciones del cambio climático actual. La investigación, liderada por el experto Shaun Williams, utilizó modelos de inundación y datos topográficos para calcular la exposición del lugar a tormentas extremas y mareas crecientes.
Actualmente, el 20% del sitio ya es vulnerable a tormentas con frecuencia centenaria. Si el mar sube 50 centímetros —algo que podría ocurrir entre 2045 y 2060— más de la mitad del lugar quedaría expuesto a inundaciones frecuentes. Con un aumento de un metro, previsto entre 2070 y 2130, tres cuartas partes del sitio serían afectadas.
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Para los Rangitāne, el valor de Te Pokohiwi o Kupe excede lo arqueológico. El lugar es wāhi tapu (territorio sagrado) y representa una conexión viva con sus ancestros, su historia y su identidad. En las últimas décadas, lograron que la Corona reconociera su reclamo sobre el sitio, que había sido saqueado y excavado sin consentimiento durante gran parte del siglo XX. Los restos humanos removidos fueron repatriados en 2009, después de décadas de reclamos y con la promesa de conservar el legado espiritual.
La amenaza climática actual, sin embargo, reabre una herida distinta: la posibilidad de que el mar borre no solo huesos y objetos, sino la capacidad de la comunidad de reunirse en el lugar, transmitir su conocimiento y ejercer su rol de custodios del territorio.
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El informe no incluye riesgos adicionales como terremotos, tsunamis o aumento de la salinidad del agua, pero representa la evaluación más precisa hasta ahora del impacto del cambio climático sobre este patrimonio. Investigaciones complementarias intentan ahora integrar todos los factores de riesgo y planificar medidas de adaptación con liderazgo comunitario.
“El objetivo no es solo conservar lo tangible”, aseguran desde Rangitāne, “sino proteger la posibilidad de seguir relacionándonos con el lugar, con sus historias y con el conocimiento que contiene”.
Fuente y foto: Infobae


