Investigaciones revelan que la vajilla que usamos no solo decora la mesa, sino que también afecta nuestro apetito y la percepción de los alimentos. Los colores y tamaños de los platos pueden ser aliados o enemigos a la hora de mantener una dieta equilibrada.
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La investigación señala que utilizar platos azules puede ayudarte a reducir el apetito, lo que los convierte en un recurso ideal para quienes buscan cuidar su figura. El verde también puede disminuir las ganas de comer, aunque con un efecto más psicológico: mientras que un plato verde puede generar rechazo, los alimentos de ese color suelen interpretarse como saludables.
Por otro lado, si tu intención es impresionar y lograr que tus invitados repitan, optá por vajilla en tonos amarillos, marrones o rojos. Estos colores estimulan el apetito y hacen que los alimentos se vean más apetecibles. En contraste, el blanco aporta sensación de limpieza y permite centrar la atención únicamente en la comida, mientras que los platos con estampados generan distracción y dificultan la percepción visual del alimento.
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Pero no solo el color importa. El tamaño del plato también juega un papel clave. Aunque parezca lógico usar platos pequeños para controlar las porciones, la ilusión óptica conocida como efecto Delboeuf puede engañarte: si tenés hambre, sabrás identificar qué plato tiene más comida sin importar su tamaño. Por eso, los expertos recomiendan usar platos pequeños… pero sin repetir.
La ciencia también demuestra que cuando el color de la comida coincide con el del plato, tendemos a servirnos más cantidad. Así lo demostró un experimento con platos rojos y blancos y dos tipos de pastas, que evidenció que la armonía visual entre alimento y vajilla puede aumentar las porciones que consumimos sin darnos cuenta.
Fuente y foto: La Voz de Galicia


