El visitante cósmico, proveniente de otro sistema estelar, volvió a ser visible desde la Tierra después de cruzar detrás del Sol. Su resplandor azulado, su composición química y su comportamiento fuera de lo común plantean nuevos enigmas para la ciencia.
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Los telescopios del hemisferio norte captaron una débil mancha azul sobre el horizonte, y los astrónomos entendieron que estaban frente a un evento excepcional: el cometa 3I/ATLAS, un visitante que proviene del espacio interestelar y atraviesa nuestro Sistema Solar.
Este objeto, descubierto el 1 de julio por el Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System (ATLAS) en Chile, volvió a ser visible luego de cruzar detrás del Sol el pasado 31 de octubre. Su reaparición, coincidente con la noche de Halloween, fue registrada por Qicheng Zhang, del Observatorio Lowell de Arizona, quien logró captarlo tanto con el telescopio Discovery como con un instrumento amateur.
El 3I/ATLAS es apenas el tercer objeto interestelar identificado en la historia, después del famoso ‘Oumuamua (2017) y el 2I/Borisov (2019). Según la NASA, se desplaza a más de 210.000 kilómetros por hora, en una órbita hiperbólica que lo llevará a abandonar el Sistema Solar para siempre. Su perihelio —el punto más cercano al Sol— ocurrió entre el 29 y el 30 de octubre, a unos 203 millones de kilómetros, justo dentro de la órbita de Marte.
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Lo que más sorprendió a los científicos fue su comportamiento: el cometa no solo sobrevivió a su acercamiento al Sol, sino que emergió aún más brillante y con un inusual color azul. “El objeto debería ser más frío y, por lo tanto, más rojizo. Sin embargo, los datos muestran que es más azul que el Sol, lo que implica una temperatura muy alta”, explicó el astrónomo Avi Loeb, de la Universidad de Harvard.
Además, los telescopios detectaron una “anti-cola”, una corriente de gas y polvo orientada hacia el Sol, algo que contradice el comportamiento habitual de los cometas. Algunos investigadores interpretan el fenómeno como un proceso de sublimación atípico, mientras que otros, más audaces, especulan con hipótesis no convencionales.
Los análisis espectroscópicos revelaron niveles anormales de dióxido de carbono, cianuro y una aleación de níquel sin precedentes, lo que sugiere un origen químico distinto al de los cuerpos del Sistema Solar. Según estimaciones, el cometa podría tener más de 7.000 millones de años, formándose antes incluso del nacimiento del Sol.
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La investigadora Laura Nicole Driessen, de la Universidad de Sídney, advirtió que aunque la rareza del objeto despierta teorías sobre tecnología extraterrestre, la ciencia debe centrarse en las pruebas: “No saberlo todo no es evidencia de extraterrestres. Solo significa que tenemos trabajo por hacer”.
El 3I/ATLAS alcanzará su máxima aproximación a la Tierra en diciembre, cuando estará a unos 270 millones de kilómetros, y luego continuará hacia Júpiter, perdiéndose finalmente en la oscuridad interestelar. La NASA puso a disposición del público una herramienta interactiva, Eyes on the Solar System, para seguir su recorrido en tiempo real.
Mientras tanto, los astrónomos esperan nuevas imágenes del orbitador marciano HiRISE, que podrían revelar detalles sobre su brillo, textura y composición. Por ahora, este viajero interestelar sigue desafiando las leyes conocidas de la física y recordando que el universo aún guarda misterios capaces de encender la curiosidad humana.
Fuente y foto: Infobae


