El ejército de Israel atraviesa una fuerte crisis de personal en medio de la escalada del conflicto en Oriente Medio, con múltiples frentes abiertos y un nivel de exigencia que, según el alto mando, ya superó los límites operativos. La advertencia encendió alarmas dentro del sistema de defensa del país.
El jefe del Estado Mayor israelí alertó que la situación es crítica y que el desgaste acumulado por meses de enfrentamientos está afectando la capacidad operativa. “Alzo diez banderas rojas”, expresó, en referencia a la gravedad del escenario que enfrenta el ejército.
De acuerdo con estimaciones oficiales, faltan unos 15.000 soldados, entre ellos entre 7.000 y 8.000 combatientes. La reducción de efectivos se da en paralelo al agotamiento de los reservistas, quienes llevan largos períodos de movilización continua.
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El debate sobre el reclutamiento de los judíos ultraortodoxos —conocidos como haredim— volvió al centro de la escena. Un amplio sector de la sociedad cuestiona que este grupo continúe exento del servicio militar obligatorio, en un contexto donde la demanda de personal es cada vez mayor.
El primer ministro Benjamin Netanyahu enfrenta presiones políticas para avanzar en una reforma, aunque su dependencia de los partidos ultraortodoxos complica cualquier cambio. Desde la oposición, Yair Lapid denunció un “ejército abandonado”, mientras que Naftali Bennett advirtió sobre riesgos en la seguridad nacional.
Según el Estado Mayor, sin refuerzos inmediatos el ejército podría tener dificultades incluso para cumplir sus misiones básicas. En paralelo, encuestas recientes muestran que la mayoría de la población respalda la continuidad de las operaciones militares, tanto frente a Hezbolá como en el conflicto con Irán.
Fuente: RFI.
Ammar Awa / Reuters.


