El hallazgo de un embrión de Lystrosaurus de 250 millones de años resuelve un misterio científico y aporta nuevas pistas sobre el origen de la lactancia.
Un equipo de investigadores ha logrado un hito paleontológico al identificar un embrión fosilizado de Lystrosaurus, un premamífero que habitó la Tierra hace 250 millones de años. El descubrimiento, publicado en la revista PLOS One, ofrece la primera prueba directa de que los ancestros de los mamíferos actuales eran ovíparos, una hipótesis que la ciencia sostenía desde hacía más de 180 años sin evidencia física contundente.
El ejemplar analizado revela a un pequeño animal acurrucado en una posición claramente ovoide. Los restos fueron hallados originalmente en 2008 en la región del Karoo, Sudáfrica, pero la tecnología de la época no permitía un análisis profundo. Gracias al uso de potentes rayos X, los científicos pudieron observar el interior de los huesos del embrión y confirmar su fase de desarrollo previo al nacimiento.
El Lystrosaurus no fue un animal cualquiera; fue un superviviente nato de la «Gran Mortandad», la extinción masiva que eliminó al 90% de las especies del planeta. Los expertos sugieren que su capacidad para poner huevos fue una estrategia de supervivencia clave en un mundo dominado por cenizas, lava y mares envenenados, permitiéndole proliferar mientras otros grandes grupos desaparecían.
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Los detalles anatómicos del fósil refuerzan la tesis de que murió dentro de un huevo. Su mandíbula inferior no estaba unida, de forma similar a los embriones de aves y tortugas modernas, y su estructura ósea era demasiado débil para sostener su propio peso fuera del cascarón. A diferencia de los huevos de dinosaurio, la cáscara del Lystrosaurus habría sido blanda y correosa, lo que explica su ausencia en el registro fósil tradicional.
Este descubrimiento también revoluciona lo que sabemos sobre la lactancia materna. Al nacer de huevos grandes y con un desarrollo avanzado, estas crías eran independientes y no necesitaban ser amamantadas para alimentarse. Los investigadores plantean ahora que la leche no surgió originalmente para nutrir, sino como una secreción cutánea para humectar y proteger a los huevos contra infecciones.
El estudio del Lystrosaurus demuestra que crecer rápido y reproducirse a temprana edad fueron los pilares de su éxito biológico. Este cerdo prehistórico de piel desnuda y colmillos de tortuga no solo sobrevivió al apocalipsis de su era, sino que guardó durante millones de años el secreto de nuestra propia evolución reproductiva.
Con información de DW.


