Con las extraordinarias en marcha y el calendario apretado por las fiestas, la Casa Rosada acelera negociaciones clave, pero crece la idea de que Argentina podría tener otro año sin Presupuesto mientras se empuja la reforma laboral como objetivo central.
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Comenzó la temporada de definiciones políticas y legislativas y, con el cierre del año cada vez más cerca, el Gobierno enfrenta semanas decisivas en el Congreso. Aunque de manera oficial asegura que su meta es aprobar el Presupuesto y la ley para elevar la base punible por evasión impositiva antes del 30 de diciembre, en los despachos oficiales crece una percepción distinta: la prioridad real pasó a ser la reforma laboral, mientras el proyecto presupuestario empieza a diluirse.
En las primeras horas con el nuevo Congreso conformado, el oficialismo trazó un cronograma ambicioso que apunta a obtener media sanción en Diputados el 17 de diciembre y cerrar el trámite en el Senado el 29, apenas un día antes del fin de las sesiones extraordinarias. Sin embargo, las negociaciones con gobernadores y aliados muestran señales de agotamiento y en voz baja varios funcionarios admiten que es muy posible que el país vuelva a arrancar el año sin Presupuesto, pese al pedido explícito del Fondo Monetario Internacional.
La iniciativa que fija el esquema de gastos e ingresos del Estado aparece cada vez más empantanada. En el propio oficialismo reconocen que todavía resta mucho por consensuar y que incluso la logística se vuelve un problema: pocos imaginan un escenario en el que se garantice la presencia de senadores en Buenos Aires en plena antesala de las fiestas. “Ya se empantana con el dictamen en Diputados. Falta mucho por negociar”, admitió un alto funcionario con despacho en la Casa Rosada.
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En paralelo, el Ejecutivo fue desplazando el eje hacia la reforma laboral, considerada una bandera simbólica del proyecto libertario. El objetivo ahora es lograr su sanción antes del 1 de marzo, cuando comiencen las sesiones ordinarias. En ese camino se explica el gesto hacia los sindicatos, aun cuando la CGT prepara una movilización. Algunos artículos sensibles, como el que habilita la expresión individual para el descuento de la cuota sindical, aparecen más como herramientas de negociación que como puntos innegociables.
El proyecto de “modernización laboral” ya ingresó al Senado con la firma del presidente Javier Milei y el aval del Consejo de Mayo, y el operativo político quedó en manos de Patricia Bullrich, quien motoriza el armado legislativo. Mientras tanto, en el frente empresario crece la inquietud por la apertura comercial y la competencia externa, especialmente por el avance del acero chino, una preocupación que Paolo Rocca expuso públicamente y que refleja un malestar más amplio en el sector industrial.
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A ese escenario se suman tensiones internas dentro del oficialismo, conflictos territoriales de bajo perfil pero potencialmente explosivos, y un reclamo silencioso que gana peso: la actualización salarial de los funcionarios políticos. Con sueldos muy por debajo de los del Congreso, algunos ministros ya advierten que podrían dar un paso al costado si en enero no se concreta el aumento prometido.
Con negociaciones cruzadas, presión de aliados, malestar empresario y debates internos, el Gobierno encara un cierre de año cargado de incógnitas. La reforma laboral avanza como prioridad indiscutida, mientras el Presupuesto, pieza clave de cualquier gestión, corre el riesgo de volver a quedar en suspenso.
Fuente: TN
Foto: Archivo


