Con ocho meses sin desaceleración mensual y señales de caída en el empleo y el salario real, la economía argentina combina inflación persistente y estancamiento. El oficialismo confía en que desde abril el índice perforará el 2% y habilitará una relajación monetaria gradual.
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La economía argentina atraviesa un momento delicado, caracterizado por una inflación que se mantiene firme y una actividad productiva que no logra consolidar la recuperación. En enero, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un alza del 2,9% mensual, el valor más alto desde marzo de 2025 y el octavo mes consecutivo sin desaceleración, profundizando el escenario de estanflación.
Detrás de la polémica por la medición del IPC y la actualización de la canasta, el dato oficial marcó una aceleración impulsada en buena parte por factores puntuales. El rubro verduras explicó parte del salto, con el tomate registrando un aumento del 92% en el mes. También incidieron subas sostenidas en alimentos como la carne, que promedió incrementos mensuales del 8% en los últimos cuatro meses.
No obstante, un dato alentador fue la leve baja de la inflación núcleo —que excluye componentes estacionales y regulados— al 2,6% mensual, quebrando por primera vez en meses la tendencia ascendente. Para el equipo económico, este indicador refleja que el proceso inflacionario subyacente podría comenzar a moderarse en el corto plazo.
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En los mercados, el dato no generó sobresaltos. La curva CER ya había ajustado en la semana previa, con rendimientos para 2026 de entre 1,5% y 7%, mientras que la curva a tasa fija mostró correcciones en los tramos largos. En términos prácticos, los inversores ya descontaban una inflación superior a la prevista semanas atrás. La clave hacia adelante será si la estabilidad cambiaria logra consolidarse como ancla nominal.
Desde las elecciones de octubre, la inflación mensual se mantiene en torno al 2,8%-2,9%, luego de haber tocado un piso de 1,5% en mayo de 2025. En paralelo, el Producto Bruto Interno evidenció contracciones en octubre y noviembre, con datos mixtos en diciembre y enero. El sector primario sostiene cierto dinamismo gracias a la cosecha y a las exportaciones energéticas, pero el resto de la economía muestra debilidad: en el segundo semestre de 2025 se perdieron más de 71.000 empleos privados formales y el salario real cayó 2,1% en diciembre.
Uno de los focos de tensión fue la postergación en la actualización de la canasta del IPC, que derivó en controversias y en la renuncia del titular del INDEC, Marco Lavagna. La estructura vigente subestima el peso de los servicios —que representan el 44,8% del gasto familiar— y sobredimensiona los bienes, lo que para algunos analistas distorsiona la lectura del proceso inflacionario.
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La política monetaria restrictiva aplicada para estabilizar el tipo de cambio antes de los comicios también tuvo efectos contractivos: se redujo el crédito en pesos y aumentaron los préstamos en mora, en niveles comparables a los registrados durante la pandemia.
Pese a este escenario, en el Palacio de Hacienda consideran que la actual estanflación es transitoria y forma parte de un proceso de reordenamiento macroeconómico. Tras absorber los ajustes tarifarios, educativos y estacionales de febrero y marzo, varias consultoras proyectan que la inflación podría ubicarse por debajo del 2% mensual desde abril, lo que permitiría una baja gradual de tasas.
Entre las estimaciones privadas, EcoGo prevé un 2,7% para febrero; Equilibra, 2,3%; Analytica, entre 2,8% y 2,9%; y Orlando Ferreres & Asociados, 2,5%. Los analistas destacan como factores favorables la acumulación de reservas del Banco Central, la posibilidad de emitir deuda en mercados internacionales, la desaceleración de tasas, el avance de la cosecha gruesa y el crecimiento de exportaciones energéticas.
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También ponderan el cumplimiento de metas con el Fondo Monetario Internacional —excepto la de reservas— y avances en reformas estructurales, como la media sanción de la reforma laboral. Sin embargo, persisten riesgos: los cambios en subsidios al gas podrían sumar 0,3 puntos a la inflación de febrero y la licitación de la Hidrovía abre interrogantes sobre eventuales aumentos en los costos logísticos.
En síntesis, el Gobierno sostiene que la combinación de inflación alta y actividad débil no constituye un fenómeno estructural, sino el costo de una reestructuración profunda. Si las previsiones privadas se cumplen y la estabilidad cambiaria se consolida, la Argentina podría aspirar a encadenar dos años consecutivos de crecimiento, algo que no ocurre desde 2011.
Fuente: Ámbito Financiero
Foto: Archivo


