Tras el hallazgo de un ejemplar en Entre Ríos, especialistas advierten que la presencia urbana del yaguarundí refleja el avance de la urbanización y el estrés ambiental que sufre esta especie subestimada.
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El reciente rescate de un ejemplar juvenil de yaguarundí en una vivienda de Paraná, Entre Ríos, reavivó el interés científico sobre este felino nativo de América que, a pesar de su vasta distribución, sigue siendo uno de los animales más desconocidos del continente. Conocido también como “gato nutria” por su forma alargada y su pelaje liso, el Herpailurus yagouaroundi habita desde el sur de Texas hasta el norte de Argentina, aunque su presencia ha pasado desapercibida durante décadas.
Este pequeño carnívoro, de hábitos diurnos y solitarios, rara vez entra en contacto con humanos. Por eso, su aparición en una zona urbana densamente poblada no fue solo una curiosidad, sino una señal preocupante: la fragmentación de su hábitat y la presión de la urbanización están alterando profundamente su comportamiento y patrones de distribución.
De pelaje gris o rojizo, con un peso promedio entre 3,5 y 9 kilos, el yaguarundí es difícil de detectar con cámaras trampa, y su estudio mediante radiocollares ha resultado casi impracticable. Sin embargo, un trabajo liderado por Bart Harmsen, de la ONG Panthera, logró compilar 884 registros de la especie en América Latina a través de casi 4000 cámaras en 650 sitios. Los datos fueron incorporados en un modelo predictivo que reveló que el felino es más común en áreas rurales con vegetación arbustiva, cercanas a poblaciones humanas, y donde las condiciones climáticas son estables.
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Este hallazgo científico se complementa con el análisis de Anthony Giordano, fundador de SPECIES, quien tras revisar decenas de estudios concluyó que el yaguarundí ha sido históricamente ignorado tanto por su aspecto poco llamativo como por su baja visibilidad. “Nunca convencerás a nadie de que te dé dinero para estudiar el yaguarundí”, advirtió Giordano. No obstante, subrayó su importancia ecológica como controlador de poblaciones pequeñas y conector de fragmentos de hábitats amenazados.
En Estados Unidos, la especie está en peligro desde 1976, pero los avistamientos son escasos y poco concluyentes. Algunos informes en el Parque Nacional Big Bend, Texas, mencionan animales “como nutrias”, aunque no se han confirmado poblaciones residuales.
El yaguarundí es una especie que se adapta a diversos ecosistemas, desde selvas tropicales hasta zonas agrícolas, y que incluso ha sido vista capturando peces con sus patas delanteras. Su principal amenaza no ha sido la caza, como en otros felinos, sino la destrucción progresiva de su hábitat natural, la contaminación de ríos, el uso de pesticidas y la disminución de presas.
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Frente a este panorama, investigadores piden reforzar los monitoreos, ampliar los estudios genéticos y crear corredores biológicos que conecten poblaciones aisladas. “Son una especie de rompecabezas, un pequeño enigma”, resumió Giordano, convencido de que proteger al yaguarundí es proteger a todo un entramado ecológico en riesgo.
El ejemplar rescatado en Entre Ríos fue trasladado a un centro especializado y se evaluará su posible reinserción al ambiente natural. Mientras tanto, su aparición genera un llamado de atención: la biodiversidad silvestre sigue retrocediendo ante la presión del desarrollo humano. El felino invisible, como algunos lo llaman, podría ser la clave para repensar la conservación en América Latina.
Fuente y foto: Infobae


