El iceberg A23a, conocido como el más grande del mundo, se encuentra en su fase final de derretimiento tras 39 años de su desprendimiento de la plataforma de hielo Filchner-Ronne en la Antártida. En su origen, tenía un tamaño comparable al Área Metropolitana de Buenos Aires, pero actualmente ha perdido más de la mitad de su superficie.
Andrew Meijers, oceanógrafo del Instituto de Investigación Antártica del Reino Unido, explicó que el hielo “se está pudriendo desde la raíz” debido a la temperatura elevada del agua, y proyectó que en pocas semanas A23a será “irreconocible”. Este colosal bloque había permanecido detenido en el mar de Weddell durante más de 30 años antes de iniciar su desplazamiento en 2020 hacia el norte.
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A principios de 2025, se desprendió un fragmento de casi 79 kilómetros cuadrados, equivalente a la mitad de la ciudad de Buenos Aires. El iceberg encalló temporalmente cerca de Georgia del Sur, generando preocupación por la posible afectación a la fauna local, incluidos pingüinos y focas, por la interrupción de sus zonas de alimentación.
Si bien la formación de icebergs es un fenómeno natural, los expertos advierten que la interacción con aguas más cálidas refleja un patrón creciente de inestabilidad en la Antártida, asociado al cambio climático. Además, el derretimiento del A23a podría liberar bacterias y virus antiguos que plantean riesgos potenciales para la salud animal y humana.
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Organismos como la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos monitorean de cerca la evolución de A23a, mientras que Copernicus constata que el volumen de hielo antártico ha disminuido de forma constante desde 1990, con pérdidas significativas en la península antártica, parte del territorio argentino.
Fuente: AFP.
Foto: RTVE.


