Cada 4 de diciembre el mundo celebra el Día Internacional del Cabernet Franc, y en la Argentina la fecha encuentra a la cepa en un momento de consolidación. Lo que hace quince años era apenas un varietal de nicho, hoy se transformó en uno de los protagonistas de mayor crecimiento, con una superficie plantada que se multiplicó por 1,5 desde 2010.
De origen bordelés y reconocido por su frescura, elegancia y complejidad aromática, el Cabernet Franc logró instalarse con identidad propia en el país. Mendoza —con epicentro en Luján de Cuyo y el Valle de Uco— concentra los ejemplares más valorados, aunque regiones como Neuquén también aportan estilos distintivos gracias a su clima frío y la marcada influencia de la altura.
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“El Cabernet Franc encontró en Argentina un lugar ideal para expresarse. Aquí sus pirazinas son más moderadas y equilibradas, lo que permite vinos complejos y con gran potencial de evolución”, explicó a TN el enólogo Leonardo Quercetti, de la bodega Monte Quieto, quien destaca la amplitud de estilos que ofrece este varietal.
El crecimiento se explica por la combinación de calidad y versatilidad. Los vinos presentan taninos finos, acidez precisa y un perfil aromático vibrante, que puede incluir frutos rojos, notas herbales, especias y matices minerales. Esto permitió que la cepa se posicionara como una alternativa sofisticada al Malbec, seduciendo tanto a consumidores expertos como a públicos más nuevos en el mundo del vino.
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Con más bodegas apostando al Cabernet Franc, más puntajes internacionales y más etiquetas en góndola, el varietal confirma su ascenso en el paladar argentino. De actor de reparto a favorito del público, hoy celebra su día convertido en una de las cepas con mayor proyección del país.
Fuente: TN.


