La travesía, que une lagos y ríos encadenados, invita a visitantes de todas las edades a sumergirse en un entorno natural único sin necesidad de experiencia previa.
La experiencia de kayak en el Parque Nacional Los Alerces continúa posicionándose como una de las propuestas más impactantes de la Patagonia, incluso después de los incendios que modificaron parte del paisaje. La travesía, que une lagos y ríos encadenados, invita a visitantes de todas las edades a sumergirse en un entorno natural único sin necesidad de experiencia previa.
El recorrido comienza en el Lago Verde, una joya de aguas profundas que funciona como puerta de entrada a la aventura. Desde allí, los participantes bordean la costa hasta conectar con el río Arrayanes y finalmente desembocar en la inmensidad del Lago Futalaufquen, completando una travesía de gran valor paisajístico y emocional.
“El agua sigue fluyendo, las montañas están firmes; el bosque cambió, pero el espíritu y la magia del Parque siguen en pie”, destacó Martín Capllonch, guía de la empresa Frontera Sur. Sus palabras sintetizan el sentimiento que transmite el lugar: un destino que se transforma, pero no pierde su esencia.
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Durante la navegación por el río Arrayanes, de aguas turquesas y corrientes suaves, la experiencia combina aventura y contemplación. La fauna típica —cauquenes, hualas y biguás— acompaña el recorrido, mientras que las pausas para compartir mate o degustar productos regionales suman un componente cultural muy valorado por los visitantes.
La travesía culmina tras unos cinco kilómetros de remada en el muelle de la hostería Cumehue y se corona con un cierre especial en los Eco Domos de Lago Verde. Allí, historias y leyendas del parque refuerzan el vínculo emocional con un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Para quienes planean vivir la experiencia, los organizadores recomiendan llevar ropa cómoda, protección solar y reservar con anticipación. No es necesario saber nadar ni contar con gran estado físico: solo tener ganas de disfrutar. Como resumen los guías, quien navega estos paisajes patagónicos, siempre quiere volver.


