El 13 de noviembre de 2017, el influencer chino Wu Yongning ascendió sin permiso al techo del rascacielos HuaYuan, en Changsha, con un solo objetivo: grabar un video que le permitiera ganar un concurso y ayudar a su madre enferma. Instaló su cámara, se colgó del piso 62 para realizar dominadas, pero no logró regresar al borde. Sus fuerzas fallaron y cayó al vacío. El momento quedó registrado en su teléfono, aunque el video no se publicó de forma oficial.
Wu se había vuelto famoso por practicar “rooftopping”, una peligrosa disciplina urbana que consiste en realizar acrobacias en lo alto de edificios sin ningún tipo de protección. A pesar de los riesgos, el joven se justificaba diciendo que confiaba plenamente en su entrenamiento físico. Su motivación principal era conseguir dinero para su familia y consolidar su carrera como influencer en redes chinas como Kuaishou, donde superó el millón de seguidores.
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Su trágica muerte desató un debate en China y el mundo sobre la exposición extrema en redes sociales. Muchos vieron en su historia un reflejo de una generación atrapada por la lógica de los algoritmos, que premian la espectacularidad a cualquier costo. Los comentarios en sus videos exigían cada vez más desafíos, más riesgo, más altura. Esa presión digital fue, en parte, lo que lo empujó a ese último intento mortal.
Aunque las autoridades chinas prohibían el acceso no autorizado a estructuras como el HuaYuan, la vigilancia era escasa y Wu aprovechaba las salidas de emergencia para lograr sus tomas. Su caso puso de relieve la falta de regulación sobre el contenido extremo y la delgada línea entre arte, deporte y espectáculo viral. La comunidad rooftopper, lejos de desaparecer, continuó creciendo en la clandestinidad.
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Años después, la figura de Wu sigue generando controversia. Para algunos fue un mártir de la era digital. Para otros, un símbolo de los peligros de la fama sin límites. La entrada del rascacielos desde donde cayó se convirtió en un improvisado altar con flores, cartas y celulares que siguen buscando, desde abajo, la imagen perfecta de quien voló demasiado cerca del abismo.
Con información de Infobae.


