En el mundo del vino, el término «natural» se está convirtiendo en una sensación. Se trata de vinos elaborados siguiendo prácticas ecológicas y con un profundo respeto por la tierra. Samantha Nilson, sommelier, lo define como un vino al que no se le agregan productos químicos, donde la uva proviene de viñedos orgánicos sin tratamientos químicos.
Nahuel Carbajo, dueño de Naranjo Bar, va un paso más allá y define al vino natural como aquel al que nada se le agrega ni se le quita. Estos vinos se elaboran con uvas orgánicas y carecen de aditivos industriales. Los sulfitos, responsables de los famosos dolores de cabeza, se mantienen en concentraciones mínimas o se eliminan por completo.
En el mundo del vino natural, la agricultura biodinámica también tiene su lugar. La luna guía las actividades en el viñedo, creando una armonía con la naturaleza. Lucía Bulacio, fundadora de Vereda Adentro, explica que la biodinámica se extiende a todas las áreas, incluida la alimentación y la producción, creando un ciclo circular que regenera la tierra.
MIRÁ TAMBIÉN | Consejos útiles para el arte de abrir una botella con el corcho roto
Los productores de vino natural se dedican apasionadamente a su oficio. Sin maquinaria pesada, producen lotes pequeños y limitados, lo que hace que cada etiqueta sea única y una invitación a conocer a las familias detrás de los viñedos.
La levadura, ese agente mágico que convierte el azúcar en alcohol, también se vuelve protagonista en el vino natural. Proviene de forma natural de la piel de la uva, lo que significa que las características del vino representan verdaderamente su lugar de origen.
En resumen, el vino natural es una contra cultura de la uniformidad. Cada botella es única, con su propia historia y carácter. No está sujeto a las mismas reglas que los vinos tradicionales y evoluciona bajo sus propias condiciones.
Fuente: La Nación


