Nuevas investigaciones confirman que ciertas composiciones clásicas pueden favorecer la atención sostenida y el rendimiento mental, aunque sus efectos dependen de cada persona y del contexto.
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Distintos estudios científicos exploran cómo ciertos sonidos impactan en la mente humana. En particular, investigaciones recientes publicadas en la revista Frontiers in Psychology destacan que algunos tipos de música clásica podrían mejorar funciones cognitivas clave, como la atención sostenida, la memoria y el rendimiento académico. Sin embargo, aclaran que no se trata de un efecto universal ni automático, sino que varía según la persona y el tipo de tarea.
Uno de los conceptos más populares en esta línea es el “efecto Mozart”, una hipótesis que sugería que escuchar piezas del compositor austríaco aumentaba temporalmente la inteligencia. Si bien estudios posteriores relativizaron esta idea, se mantiene la noción de que la música puede modular el estado emocional y el nivel de alerta, factores que influyen directamente en el desempeño mental.
Según los especialistas, las melodías suaves, instrumentales y sin letra, especialmente aquellas con un ritmo constante, tienden a generar un entorno más favorable para la concentración. En cambio, las obras complejas o con cambios bruscos de volumen pueden generar distracción o sobreestimulación.
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La música barroca, como las composiciones de Bach o Vivaldi, aparece como una de las más efectivas para estudiar o trabajar. Su estructura armónica repetitiva favorece la concentración prolongada y ayuda a reducir el estrés. No obstante, los efectos positivos no son iguales para todos: personas con alta sensibilidad al sonido pueden distraerse más fácilmente, y algunas tareas, como las que implican memoria verbal, pueden verse afectadas por la música de fondo.
Además, la familiaridad con la pieza también juega un papel importante. Escuchar música conocida puede resultar relajante para algunos, pero contraproducente para otros si genera una activación emocional elevada.
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Los expertos coinciden en que no existe una receta mágica. La mejor estrategia es experimentar con distintos tipos de música y observar cómo influyen en el rendimiento personal. Algunas personas encuentran en la música clásica una herramienta para potenciar su foco, mientras que otras prefieren el silencio absoluto.
Lejos del mito del “efecto Mozart”, la ciencia sostiene que la música clásica puede ser una aliada en contextos de estudio o trabajo, pero su efectividad depende de factores individuales y del entorno. La clave está en la adaptación consciente y el uso estratégico del sonido como recurso cognitivo.
Fuente: TN
Foto: Archivo


