Etiopía inauguró oficialmente la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), considerada la mayor infraestructura hidroeléctrica de África. Con capacidad para generar 5.150 megavatios y un embalse de 74.000 millones de metros cúbicos, el proyecto se presenta como un hito de desarrollo, aunque rodeado de una fuerte disputa diplomática en la región.
El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, celebró la finalización de la obra como un “logro histórico” que marcará una revolución energética en el país, donde casi la mitad de la población carece de acceso a la electricidad. Según el gobierno, la presa permitirá abastecer el mercado interno y exportar energía, con ingresos proyectados de hasta 1.000 millones de dólares anuales.
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Sin embargo, la represa también reaviva la tensión con Egipto y Sudán, países que dependen en gran medida del Nilo para su abastecimiento de agua. El Cairo la calificó de “amenaza existencial”, dado que el río suple el 97% de sus necesidades hídricas. El presidente Abdel Fatah al Sisi advirtió que recurrirá a todos los mecanismos del derecho internacional para proteger su seguridad.
Las negociaciones entre las naciones ribereñas llevan más de una década sin avances. Egipto y Sudán exigen un acuerdo vinculante sobre la gestión del agua en períodos de sequía y ser consultados antes de nuevas obras, demandas que Etiopía rechaza por considerarlas una limitación a su soberanía. Pese a múltiples rondas de diálogo, la última, en diciembre de 2023, terminó sin consenso.
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Mientras tanto, la GERD se erige como símbolo de orgullo nacional para Etiopía, que la financió en gran parte con bonos y aportes ciudadanos. Para el gobierno, la represa no solo transformará la matriz energética, sino que también representa un factor de unidad interna y de proyección internacional.
Fuente: DW.
Foto: Office of the Prime Minister-Ethiopia.


