El senador Flávio Bolsonaro se convirtió en el candidato presidencial del bolsonarismo para las elecciones de octubre de 2026, tras imponerse en una interna familiar marcada por tensiones políticas y personales. Con Jair Bolsonaro inhabilitado y condenado por golpismo, el clan decidió apostar por su hijo mayor como principal rival del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La definición no fue sencilla. Eduardo Bolsonaro, considerado durante años el heredero natural del liderazgo familiar, quedó fuera de carrera tras autoexiliarse en Estados Unidos y perder su banca como diputado. Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente, también exploró una posible candidatura, pero finalmente fue descartada por los hijos del exmandatario, que cerraron filas en torno a Flávio.
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El respaldo explícito de Jair Bolsonaro terminó de sellar la decisión. Desde prisión, y antes de someterse a una intervención quirúrgica, el ex presidente difundió una carta en la que proclamó a Flávio como su precandidato, presentándolo como garante de la continuidad política del espacio y de la representación de su electorado.
Sin embargo, la candidatura no logra despejar todas las incógnitas en la derecha brasileña. El gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, aliado clave del bolsonarismo, aparece en las encuestas como el dirigente con mayor potencial para enfrentar a Lula y mantiene en suspenso sus aspiraciones, a la espera de cómo evolucione el escenario.
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Mientras tanto, Lula mueve sus propias fichas. Consciente de que la elección se definirá en gran parte por el apoyo de la centroderecha tradicional, el presidente refuerza vínculos con partidos clave del “centrao”. El lanzamiento de Flávio Bolsonaro acelera la polarización y anticipa una disputa intensa por alianzas decisivas de cara a 2026.
Fuente: TN.


