Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, el sistema científico argentino sufrió la pérdida de 5.750 puestos de trabajo, un promedio superior a siete empleos por día. Así lo señala un informe del Grupo Economía, Política y Ciencia del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, que describe un proceso de deterioro acelerado en áreas estratégicas para el desarrollo del país.
El ajuste impactó principalmente en organismos dependientes de la Administración Pública Nacional, donde se concentraron más de cinco mil bajas. El resto correspondió a empresas vinculadas a actividades científico-tecnológicas. El Conicet resultó el organismo más afectado, con más del 40% de las desvinculaciones, aunque los recortes también alcanzaron al INTI, al INTA y a otras instituciones clave.
Leonardo Venerus, investigador del Conicet-Cenpat, en diálogo con Radio 3 expresó que los ataques son «sistemáticos, con la anuencia en el caso del Conicet del presidente de la institución (Daniel Salamone), que está de acuerdo con esta política y la promueve».
Desde ese punto de vista, señaló que «el sistema científico argentino, no solamente el Conicet, instituciones como el INTI, INTA, la CONEA, están siendo desguazadas».
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A 68 años de la creación del CONICET, el investigador advirtió: «Estamos en una situación de mucha incertidumbre, mucha zozobra, gente que sigue esperando hace más de dos años su ingreso, después de haber ganado un concurso». Y añadió: «Las expectativas de ingresar a la institución y de tener el alta cada vez se diluyen».
Uno de los puntos más sensibles es la reducción del sistema de becas. La finalización de programas sin reemplazo y la disminución de convocatorias dejaron sin renovación a cientos de jóvenes investigadores, debilitando el funcionamiento cotidiano de laboratorios y equipos en todo el territorio nacional.
«Los sueldos no alcanzan, hay becarios y becarias de la extinta, prácticamente en términos reales, de la Agencia I+D+i, que están con sus estipendios sin modificaciones desde mayo de 2024, es un desastre», sostuvo Venerus y agregó: «Gente que está por debajo de la línea de indigencia».
En términos proporcionales, los mayores recortes se registraron en la Agencia de I+D+i y en la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, ambas con caídas superiores al 40% de su plantel. También se verificaron retrocesos significativos en el Banco Nacional de Datos Genéticos, el Instituto Nacional del Agua y el INTI, además de empresas ligadas a sectores estratégicos como el nuclear, el aeroespacial y el satelital.
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El investigador detalló: «El Conicet da un proyecto que se llama PIP (Proyecto de Investigación Plurianual), por los cuales hay que concursar, requieren que al menos tres investigadores o investigadoras se junten, formen un grupo, generen un proyecto, un programa de trabajo, y lo que se está ofreciendo hoy en día es 1 millón de pesos al año», una cifra que al mensualizarla y dividirla entre tres investigadores da menos de 30 mil pesos mensuales.
A la reducción de personal se suma la paralización del financiamiento de proyectos ya evaluados y la suspensión de nuevas convocatorias durante varios años consecutivos. Especialistas advierten que, aun ante un eventual cambio de rumbo, los plazos administrativos podrían demorar entre cuatro y cinco años la llegada efectiva de recursos, un período que muchos grupos de investigación no están en condiciones de resistir.
El deterioro salarial profundiza la crisis. Investigadores y becarios acumulan una pérdida cercana al 40% de su poder adquisitivo, con estipendios congelados desde 2024 y remuneraciones que quedaron rezagadas frente al aumento del costo de vida. La combinación de recortes, falta de financiamiento e ingresos depreciados impulsa a numerosos profesionales a abandonar el sistema científico.


