La cumbre del G20 en Río de Janeiro finalizó este martes con llamados urgentes a la acción climática y preocupaciones por la amenaza nuclear rusa. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, insistió en alcanzar un acuerdo climático en la próxima COP29 en Bakú, Azerbaiyán, subrayando la necesidad de actuar antes de la COP30 en Belém, en la Amazonía.
Los líderes de las 20 economías más importantes, responsables del 80% de las emisiones globales, firmaron una Declaración Final que, según analistas, mostró avances limitados en la transición hacia energías limpias y financiamiento para enfrentar la crisis ambiental. António Guterres, secretario general de la ONU, enfatizó que «fracasar no es una opción» en las negociaciones de Bakú, dado el impacto del cambio climático en la estabilidad global.
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En paralelo, las tensiones geopolíticas se intensificaron con las declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, quien sugirió el posible uso de armas nucleares. Estas afirmaciones exacerbaron la preocupación entre las potencias occidentales, especialmente en el contexto de la escalada del conflicto en Ucrania.
El presidente estadounidense Joe Biden, próximo a ceder el poder a Donald Trump, advirtió sobre los riesgos de retrocesos en la lucha contra el cambio climático bajo una administración negacionista. «En la lucha por la supervivencia, no hay espacio para el negacionismo», afirmó Lula, sin referirse directamente al republicano.
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La cumbre estuvo marcada por manifestaciones globales que exigieron acciones concretas para abordar la emergencia climática. Según el Global Carbon Project, es crucial alcanzar cero emisiones netas para finales de la década de 2030 y limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C.
El G20 cerró dejando un mensaje claro: las acciones de los próximos meses serán determinantes para el futuro del planeta y para la estabilidad global en un entorno de crecientes desafíos ambientales y políticos.
Fuente: RFI.
Imagen: Ricardo Stuckert/PR.


