El cambio climático aumenta la vulnerabilidad de los glaciares y puede favorecer avalanchas, aluviones y desbordes de lagos. En Argentina, el lago Torre, aguas arriba de El Chaltén, es uno de los puntos que concentra mayor atención científica.
El colapso glaciar que provocó una devastadora riada en Nepal volvió a poner el foco sobre los riesgos asociados al retroceso de los glaciares en distintas regiones montañosas. En los Andes, especialistas advierten que existen zonas susceptibles a este tipo de fenómenos, aunque aclaran que no todos los desprendimientos necesariamente tendrán una magnitud similar.
El glaciólogo argentino Lucas Ruiz explicó que el cambio climático funciona como un factor que puede intensificar estas amenazas. El aumento de las temperaturas, las olas de calor y la mayor presencia de lluvias en zonas donde antes nevaba favorecen el derretimiento del hielo y pueden aumentar la presión sobre las estructuras que sostienen los glaciares.
“Que exista el peligro no quiere decir que va a ser un evento de esa magnitud”, sostuvo Ruiz, quien planteó la necesidad de estudiar estos escenarios y desarrollar medidas de prevención sin generar una situación de alarma generalizada.
Uno de los principales riesgos son los llamados GLOF, desbordes repentinos de lagos glaciares que pueden liberar grandes volúmenes de agua hacia las cuencas. Estos fenómenos pueden producir aluviones y afectar poblaciones, rutas, infraestructura y otras zonas ubicadas aguas abajo. También existen amenazas vinculadas con desprendimientos de hielo y roca, especialmente en áreas donde los glaciares se encuentran sobre pendientes pronunciadas.
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En Argentina, los riesgos se concentran principalmente en la Patagonia y los Andes centrales. Ruiz señaló que la Patagonia reúne una gran cantidad de lagos glaciares, mientras que en los Andes centrales existen menos cuerpos de agua de este tipo, pero una mayor concentración de población e infraestructura, lo que podría incrementar las consecuencias de un eventual desastre.
Uno de los casos bajo seguimiento es el lago Torre, ubicado dentro del Parque Nacional Los Glaciares y aguas arriba de El Chaltén, en Santa Cruz. El retroceso del glaciar incrementó el volumen del lago y, al mismo tiempo, generó movimientos en las laderas del Cerro Solo, donde la pérdida de hielo puede favorecer desprendimientos de rocas y sedimentos.
Los especialistas sostienen que el riesgo puede reducirse mediante monitoreo permanente, mapas de peligro, planes de evacuación y sistemas de alerta temprana. En ese sentido, Ruiz remarcó la necesidad de inversión para implementar estas herramientas en las zonas argentinas expuestas: “Después de las imágenes catastróficas de Nepal, esperamos convencer a las autoridades de realizar esta inversión”.
Fuente: WIRED.


